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Sitios comunes



Abordamos esta semana en nuestra clase de Periodismo Cultural un tema interesante. A raíz tanto de una exposición de Sorolla como de un photoshoot de Annie Leibovitz con Penélope Cruz tocamos el tema del mecenazgo y los tópicos. Es necesaria una aclaración: tópico en el sentido ligeramente peyorativo de "lugar común" o "simplificación de una realidad compleja" o, si uno es particularmente capcioso, "el prejuicio común del público". Nos comenta el profesor Perceval que Milton Huntington solicitó esa serie de paneles al pintor con la idea de que ilustrara momentos históricos de España, pero Sorolla se negó, decidiendo ilustrar los paneles con escenas costumbristas -eternas, faltas de conflicto- de cada región de la piel de toro. Sin embargo, los paneles se realizaron a principios del siglo XX, y cabe imaginar que por esa época en Valencia no todas las mujeres iban vestidas de fallera.


Cuando yo era joven, hijo, siempre nos vestíamos así para llevar als naranjas al mercado.


Es decir; Sorolla muestra cierta rebeldía ante la idea de pintar escenas de la historia -o historiografía, según se prefiera- nacional, pero aún así ilustra una serie de paneles representativos de cada comunidad en los que incluye tópicos de esa España de bandoleros que tanto apreciaba su mecenas. En la sesión de fotos de Annie Leibovitz con Penélope Cruz hay tablaos flamencos, toreros, guitarras y trajes de faralaes, y no me he fijado, pero puede que si rebuscáis un poquito encontréis algún gorro de mexicano de los que se venden en las Ramblas.


Ele, toro.

Sarcasmo aparte, ambos artistas, salvando sus diferencias obvias en tanto a marco temporal y social, buscan complacer a su público. Eso se consigue, además de por los méritos artísticos de la obra, que son indiscutibles, cumpliendo una serie de expectativas que pueda tener el receptor -sea un mecenas particular o el mayor mecenas de todos, la sociedad de consumo-.

Habiendo dicho todo esto, ¿Hasta qué punto podemos crear una obra de un género o formato concreto sin caer en tópicos?

Es necesario especificar que el significado de tópico no es necesariamente negativo. El significado más propiamente establecido según nuestra bien amada RAE es "Lugar común que la retórica antigua convirtió en fórmulas o clichés fijos y admitidos en esquemas formales o conceptuales de que se sirvieron los escritores con frecuencia". En pocas palabras, los bastidores sobre los que se erigen las obras de un tipo concreto. Más allá de la connotación negativa que se da hoy al término, podemos entender tópico como elemento propio de la estructura de un género determinado.

Así, podemos decir, por ejemplo, que el que una narración cuente con planteamiento, nudo y desenlace es un tópico. O que el hecho de que tenga protagonistas, antagonistas y conflicto lo es también. A mi parecer, el tópico se debería entender como una serie de recursos para situar al receptor en el contexto de nuestra obra. Dicho esto, los tópicos de pueden invertir o ser usados para jugar con las expectativas creadas al espectador. Sin embargo, el romper con el tópico sin que resulte perjudicial para la narración es difícil, aunque pueda también dar resultados muy satisfactorios. Tomemos dos ejemplos: Revolver
, de Guy Ritchie, está planteada como un thriller criminal, un género usual en la filmografía de este director -Lock and Stock, Snatch y la más reciente Rock'n Rolla-. Sin embargo, a medio filme a Guy Ritchie le entra complejo de David Lynch y la película se convierte en un viaje delirante y metafísico al fondo de la psique humana.



La película es interesante, pero la verdad es que confunde y resulta poco clara. ¿Qué le pasó a Guy Ritchie? Los malintencionados dirán que lo que le pasó a Guy Ritchie es Madonna, pero mi opinión es que quizás quiso pasarse de listo y el filme sufre por ello.

En contraste con esta salida de tono poco exitosa, Danny Boyle, recientemente laureado por Slumdog Millionaire, es un director que ha sabido usar los tópicos de un género rígido, hasta encorsetado se diría, y darles la vuelta obteniendo un resultado que de hecho redefine el género. Ahora es cuando el argumento se va al traste porque no estoy hablando de un género como la comedia o el drama, sino de algo tan freak como el cine de zombis.



Con 28 días después el director coge un género con unas reglas concretas -los zombis son lentos y torpes, los protagonistas están encerrados en un sitio concreto y rodeados, los monstruitos en cuestión son muertos vivientes levantados de su tumba, etcétera (todos hemos visto alguna película de zombis, no os hagáis los finos)- y lo convierte en algo distinto que de hecho ha marcado escuela. La amenaza constante, los planos de una Londres vacía, etcétera. Hay muchos momentos memorable en esta película, y la mayoría implican transgresión de tópicos.

Otro ejemplo de la subversión del tópico más... mainstream sería Match Point de Woody Allen. No me extenderé al respecto de esta película, porque ya ha sido comentada hasta la saciedad, pero baste decir que empieza siendo una Woodyallenada típica con alta burguesía y comidas en la campiña inglesa y acaba siendo una película de intriga más cercana a Hitchcock que a Allen. Cabe recomendar una página web bastante curiosa que se podría describir como una Wikipedia dedicada exclusivamente a los tópicos en la ficción popular contemporánea -que es una forma fina de decir en la tele y el cine palomitero-, Tvtropes.org . En esta página os sorprenderéis encontrando tópicos que van desde la estupidez de los villanos de James Bond hasta el más tradicional Deus ex Machina , perfectamente definidos y documentados.

No pasa nada, todo fue un sueño

Así, resumiendo y para ya ir cerrando el artículo, en mi humilde opinión la existencia de los tópicos es un mal necesario, pero a la vez una potente herramienta para la creación de cualquier forma de arte. Ya no solo para tener un cierto éxito entre su audiencia, sino para establecer un juego de expectativas que enriquece tanto a la obra como al propio receptor. No se debe huir del tópico, ya que es casi inevitable, sino interiorizarlo y usarlo como cualquier otra herramienta artística. Así, la próxima vez que estéis viendo una película, leyendo un libro o contemplando una exposición de arte funerario etrusco -vale, quizás en este último caso no- y podáis predecir hacia donde se dirige la acción, agradecédselo -o achacarlo- a los tópicos, esa constante en la producción intelectual humana.

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¡Más difícil todavía!


Hagamos una apuesta
. Qué te apuestas a que te puedo recomendar un videojuego mejor que muchos que hayas jugado últimamente que:

  1. Funcione en PCs que sean poco más que cafeteras.
  2. Pese menos de 10 megas.
  3. Sea totalmente original.
  4. No sea de ningún desarrollador comercial sino una creación independiente.
  5. Y por último, que se controle con un solo botón
Puede parecer una apuesta descabellada que sólo un descerebrado de mi calibre podría proponer, y de hecho no tiene ni pies ni cabeza a menos que se tenga en cuenta esta pequeña maravilla que descubrí hace poco cuando debería haber estado haciendo algo más productivo -pero sin duda mucho menos satisfactorio- con mi tiempo: The Amazing Flying Brothers



El funcionamiento del juego es bastante aparente: hay un protagonista que debe saltar de un trapecio al otro. Esto se hace presionando el botón izquierdo del ratón en el momento dado para coger impulso, perderlo o soltar el trapecio del que estemos agarrados. Sin embargo el juego premia las temeridades y estupideces más grandes que se te puedan ocurrir, como tocar el techo, rebotar contra las paredes o lanzar al personaje fuera de la pantalla. Dicho sea de paso que aunque no te salga a la primera dudo que puedas evitar alguna risita malévola al estampar con saña al trapecista contra el suelo por ¿error?

Con todo, este es uno de esos jueguecitos que no deberían ser capaces de divertirle a uno más de 30 segundos y su funcionamiento es más simple que el mecanismo de un martillo, pero consigue algo que muchos otros juegos con mas recursos no alcanzan: ser divertido. El que sea completamente gratis también es un bonus interesante. Podéis encontrar la descarga AQUÍ.

¡Redoble de tambores, por favor!

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Éxodos y el miedo al Otro


Es difícil
pensar, no, concebir, la expulsión del país de una parte de la población que sería el equivalente a seis millones en la actualidad. Sin embargo, en el pasado ha ocurrido más de una vez. Ya es de todos conocido que los Reyes Católicos expulsaron a los judíos de España, pero lo que no es tan conocido es que hace 400 años España, bajo el reinado de Felipe III
expulsó a otra comunidad importante de habitantes del reino, los moriscos. Es otra muestra de ese espíritu más o menos cainita que caracteriza a la piel de toro.

Ya comentaba más arriba que este hecho es comparativamente poco conocido cuando se pone al lado de otros hechos históricos del país, de hecho, yo mismo sólo tenía una vaga idea hasta hace poco, cuando a instancias de una asignatura de la Facultad he tenido la oportunidad de ahondar en ello, y encontrar particularmente un gran volumen de información sobre el tema en http://www.1609-2009.es . Sin embargo, con el motivo del cuarto centenario de la expulsión de los moriscos, se están elaborando diversas exposiciones y documentales sobre el tema. En particular, destacar Expulsados, que próximamente podremos ver en cadenas como TV3. Veamos un pequeño avance del reportaje, en concreto de una de sus dramatizaciones:



Podreis encontrar más videos promocionales en el canal de youtube de José María Perceval.

Resulta curiosa esta tendencia a la poca tolerancia en esta nuestra patria, esa irracionalidad y odio hacia lo diferente. No solo se expulsó a los moriscos, sino que más allá de ese momento pervivieron actitudes de discriminación en la sociedad española: la famosa "limpieza de sangre", los "cristianos viejos" y demás lindezas que adornaron la cuotidianidad española hasta bien entrado el Siglo de Oro -puede que no sea una fuente histórica fiable, pero la novela del Capitán Alatriste "Limpieza de Sangre" tiene una trama en torno a estos fenómenos, donde se ve tanto el temor como la aversión hasta el fanatismo de la Villa y Corte para con todo el que cada domingo no vaya a misa como buen hijo de vecino-.

Sin embargo y a mi parecer, de todos modos, lo que resulta interesante de este cuarto centenario no es la relevancia histórica del hecho, que es indudable, sino la pervivencia del mismo y su paralelismo a nuestros días, donde cada vez más Europa muestra temor y rechazo a el mundo islámico en general. Seguimos temiendo al diferente, estigmatizando todo lo que nos es ajeno, y buscando cabezas de turco -valga la ironía de la expresión- para los problemas de nuestra sociedad. ¿Hasta qué punto son diferentes las consignas de ciertos sectores racistas de hoy -el tópico de que los inmigrantes nos quitan el trabajo- de las acusaciones hechas a los moriscos sobre acumulación de dinero en el siglo XVII?

Ya no solo desde sectores reconocidamente xenófobos sino desde la comunicación más popular la imagen del personaje árabe -o de cualquier otra etnia diferente a la blanca, pero eso es tema para otro día- es generalmente negativa y llena de tópicos. Esta actitud de difusión de tópicos sobre el mundo árabe e islámico se denomina orientalismo, y es mucho más predominante en los medios de consumo cultural de lo que podría parecer.

Desde la enésima producción Hollywoodiense en la que el aguerrido protagonista se enfrenta a hordas de terroristas -que cabe decir que últimamente tienen acento del Este de Europa- hasta a producciones de la Disney o videojuegos. ¿Quien no recuerda "Aladdin", de la factoría Disney, donde a parte de disfrutar de las genialidades -ja ja, he hecho una gracia- del azulado secundario podíamos constatar que pese a transcurrir en un lugar indeterminado del mundo árabe todos los protagonistas -desde al propio Aladdin hasta el sultán pasando por su hija- lucen una tez pálida y impoluta mientras que los villanos como los guardias y el malvado Jaffar tienen un aspecto más... digamos étnico? También cabe destacar la serie de videojuegos Prince of Persia, cuya última entrega ha sido criticada incluso por el New York Times de orientalista -a parte de ser un ejemplo lamentable de videojuego con unos valores de producción dignos de una obra maestra pero un diseño de juego primitivo e insatisfactorio-.



Claramente los dos nacieron en la misma región, solo que al de la derecha se le fue la mano con el solarium.


Recapitulando, no se deben olvidar estos episodios históricos. Incluso ahora, en nuestra sociedad presuntamente cosmopolita e integradora seguimos discriminando y mofándonos de una cultura ajena a la nuestra. Hace 400 años se expulsó a una comunidad de españoles que representaba el 20% de la población del Aragón de la época y el 30% de la población valenciana. Hoy cuando por la radio oímos a locutores imitando de forma más o menos despectiva a un vendedor ambulante árabe reímos la gracia y nos decimos que no, que no somos racistas. Somos muy progres por ir a cenar al Kebab de la esquina pero cuando vemos a un grupo de marroquíes en la calle por la noche nos preguntamos si estarán pasando droga. Al fin y al cabo la sociedad española no ha cambiado mucho desde ese lejano 1609, y es necesario recordar la historia pasada o lamentar su repetición.

Si incluso uno de los parangones de nuestra literatura como Cervantes rendía homenaje a la cultura morisca en el Quijote -cuando a media narración se interrumpe el relato hasta que en un manuscrito morisco de un tal Cide Hamete Benengeli el narrador encuentra la continuación de la historia- en un ejercicio de metaliteratura que ya quisieran muchos emular hoy, ¿Porqué todas las televisiones se llenan de imágenes de festividades religiosas minoritarias a la mínima oportunidad de convertir a todos los árabes en fanáticos a los ojos de sus espectadores? ¿Porqué incluso al escribir esta entrada de blog casi tengo que reprimir el impulso de dejar claro que yo como agnóstico practicante no tengo nada que ver con el islam?

Es el espíritu de los tiempos, el miedo al Otro.

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Una nueva etapa



Un cariñoso saludo a los lectores que me queden, depués de (casi) dos años de inactividad de este blog, la criatura vuelve a sacudirse jovialmente para deleite del ilustre. Habrán visto la nueva cabecera, que creo que coincide más con los intereses que van a mover este blog, y es bastante menos esotérica que la anterior.

También cabe destacar que a partir de ahora además de mis divagaciones vacías de contenido habituales sobre cultura más o menos popular -porque no sé, el cine asiático no es muy popular que digamos- también publicaré una serie de entradas para una asignatura universitaria que estoy cursando, Periodismo Cultural. Ya oigo los gritos "vendido, vendido", "ahora eres un mercenario", "eres basura" pero ya saben ustedes que hay que pagar la hipoteca... Estas entradas irán etiquetadas con el tag "Periodismo Cultural", asi que si queréis saltároslas vosotros mismos... pero no os lo recomiendo, dado el trabajo, sangre, sudor, lágrimas etcétera que voy a verter en ellas.

De todos modos sigo siendo el freak más o menos impresentable que era hace dos años, así que también podeis esperar cosas como entradas sobre los últimos libros que me he leído -"The Zombie Survival Guide" y "World War Z", del muy honorable Max Brooks, hijo del no menos honorable y adorable Mel Brooks, que ya nos deleitó con una dosis de sustos absurdos y musicales en "El Jovencito Frankenstein"-, cine más o menos fuera del mainstream y frikismo videojueguil desatado e impenitente.

Sin más, pasen y vean, reciban una calurosa bienvenida los nuevos lectores y una cómplice mirada los sospechosos habituales.