Éxodos y el miedo al Otro


Es difícil
pensar, no, concebir, la expulsión del país de una parte de la población que sería el equivalente a seis millones en la actualidad. Sin embargo, en el pasado ha ocurrido más de una vez. Ya es de todos conocido que los Reyes Católicos expulsaron a los judíos de España, pero lo que no es tan conocido es que hace 400 años España, bajo el reinado de Felipe III
expulsó a otra comunidad importante de habitantes del reino, los moriscos. Es otra muestra de ese espíritu más o menos cainita que caracteriza a la piel de toro.

Ya comentaba más arriba que este hecho es comparativamente poco conocido cuando se pone al lado de otros hechos históricos del país, de hecho, yo mismo sólo tenía una vaga idea hasta hace poco, cuando a instancias de una asignatura de la Facultad he tenido la oportunidad de ahondar en ello, y encontrar particularmente un gran volumen de información sobre el tema en http://www.1609-2009.es . Sin embargo, con el motivo del cuarto centenario de la expulsión de los moriscos, se están elaborando diversas exposiciones y documentales sobre el tema. En particular, destacar Expulsados, que próximamente podremos ver en cadenas como TV3. Veamos un pequeño avance del reportaje, en concreto de una de sus dramatizaciones:



Podreis encontrar más videos promocionales en el canal de youtube de José María Perceval.

Resulta curiosa esta tendencia a la poca tolerancia en esta nuestra patria, esa irracionalidad y odio hacia lo diferente. No solo se expulsó a los moriscos, sino que más allá de ese momento pervivieron actitudes de discriminación en la sociedad española: la famosa "limpieza de sangre", los "cristianos viejos" y demás lindezas que adornaron la cuotidianidad española hasta bien entrado el Siglo de Oro -puede que no sea una fuente histórica fiable, pero la novela del Capitán Alatriste "Limpieza de Sangre" tiene una trama en torno a estos fenómenos, donde se ve tanto el temor como la aversión hasta el fanatismo de la Villa y Corte para con todo el que cada domingo no vaya a misa como buen hijo de vecino-.

Sin embargo y a mi parecer, de todos modos, lo que resulta interesante de este cuarto centenario no es la relevancia histórica del hecho, que es indudable, sino la pervivencia del mismo y su paralelismo a nuestros días, donde cada vez más Europa muestra temor y rechazo a el mundo islámico en general. Seguimos temiendo al diferente, estigmatizando todo lo que nos es ajeno, y buscando cabezas de turco -valga la ironía de la expresión- para los problemas de nuestra sociedad. ¿Hasta qué punto son diferentes las consignas de ciertos sectores racistas de hoy -el tópico de que los inmigrantes nos quitan el trabajo- de las acusaciones hechas a los moriscos sobre acumulación de dinero en el siglo XVII?

Ya no solo desde sectores reconocidamente xenófobos sino desde la comunicación más popular la imagen del personaje árabe -o de cualquier otra etnia diferente a la blanca, pero eso es tema para otro día- es generalmente negativa y llena de tópicos. Esta actitud de difusión de tópicos sobre el mundo árabe e islámico se denomina orientalismo, y es mucho más predominante en los medios de consumo cultural de lo que podría parecer.

Desde la enésima producción Hollywoodiense en la que el aguerrido protagonista se enfrenta a hordas de terroristas -que cabe decir que últimamente tienen acento del Este de Europa- hasta a producciones de la Disney o videojuegos. ¿Quien no recuerda "Aladdin", de la factoría Disney, donde a parte de disfrutar de las genialidades -ja ja, he hecho una gracia- del azulado secundario podíamos constatar que pese a transcurrir en un lugar indeterminado del mundo árabe todos los protagonistas -desde al propio Aladdin hasta el sultán pasando por su hija- lucen una tez pálida y impoluta mientras que los villanos como los guardias y el malvado Jaffar tienen un aspecto más... digamos étnico? También cabe destacar la serie de videojuegos Prince of Persia, cuya última entrega ha sido criticada incluso por el New York Times de orientalista -a parte de ser un ejemplo lamentable de videojuego con unos valores de producción dignos de una obra maestra pero un diseño de juego primitivo e insatisfactorio-.



Claramente los dos nacieron en la misma región, solo que al de la derecha se le fue la mano con el solarium.


Recapitulando, no se deben olvidar estos episodios históricos. Incluso ahora, en nuestra sociedad presuntamente cosmopolita e integradora seguimos discriminando y mofándonos de una cultura ajena a la nuestra. Hace 400 años se expulsó a una comunidad de españoles que representaba el 20% de la población del Aragón de la época y el 30% de la población valenciana. Hoy cuando por la radio oímos a locutores imitando de forma más o menos despectiva a un vendedor ambulante árabe reímos la gracia y nos decimos que no, que no somos racistas. Somos muy progres por ir a cenar al Kebab de la esquina pero cuando vemos a un grupo de marroquíes en la calle por la noche nos preguntamos si estarán pasando droga. Al fin y al cabo la sociedad española no ha cambiado mucho desde ese lejano 1609, y es necesario recordar la historia pasada o lamentar su repetición.

Si incluso uno de los parangones de nuestra literatura como Cervantes rendía homenaje a la cultura morisca en el Quijote -cuando a media narración se interrumpe el relato hasta que en un manuscrito morisco de un tal Cide Hamete Benengeli el narrador encuentra la continuación de la historia- en un ejercicio de metaliteratura que ya quisieran muchos emular hoy, ¿Porqué todas las televisiones se llenan de imágenes de festividades religiosas minoritarias a la mínima oportunidad de convertir a todos los árabes en fanáticos a los ojos de sus espectadores? ¿Porqué incluso al escribir esta entrada de blog casi tengo que reprimir el impulso de dejar claro que yo como agnóstico practicante no tengo nada que ver con el islam?

Es el espíritu de los tiempos, el miedo al Otro.

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1 respuestas:

Denkara dijo...

Bastante de acuerdo en casi todo.
Lo de la Disney ya lo hemos hablado un montón de veces...nadie se libra...

xDDD Besikos!