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Olympia


Vemos
esta semana en clase de Periodismo Cultural este vídeo:



Se trata del prólogo de Olympia, de Leni Riefenstahl. La música es parte de la banda sonora de Alejandro Magno, la película de Oliver Stone del 2004, pero eso ahora mismo es irrelevante para la discusión propuesta. En el contexto de la perversidad en el arte, y por ende, en la cultura, Leni Riefenstahl es un ejemplo claro, y de eso hablaremos hoy a instancias de nuestro profesor. La directora alemana, aún siendo probablemente una de las directoras con más talento técnico del siglo veinte, sentía una evidente fascinación con el nazismo. Ello ha provocado una controversia constante, sobretodo en torno al filme que nos ocupa.

Otras películas de Riefenstahl se pueden demarcar clara e indiscutiblemente como propaganda nazi -no hace falta comentar mucho sobre Triumph des Willens, ¿verdad?-, y de hecho la ideología de la directora queda clara en declaraciones como por ejemplo la siguiente, al respecto de su lectura de Mein Kampf:

"El libro produjo una tremenda impresión en mi. Me volví una nacionalsocialista después de leer la primera página. Creí como mujer que el hombre que pudiera escribir tal libro lideraría sin duda alguna Alemania. Y me sentí contenta de que tal hombre hubiera aparecido"

Es poco menos que absurdo decir que, por lo menos durante esa época, Riefenstahl era más nazi que Goebbels. Sin embargo, Olympia se puede interpretar también desde un punto de vista puramente estético y técnico. Se puede cuestionar que el filme presenta una fijación con la forma humana y su movimiento que viene del hecho del trasfondo de Riefenstahl como bailarina, pero sería obviar toda la fascinación de los nazis por el concepto de superhombre. Mucho se ha debatido sobre si es una pieza de propaganda nazi o no, pero aún así, vamos a dejar de lado la aberrante tendencia política de la directora para fijarnos en los méritos del filme.

Muchos de los defensores de la pieza destacan sus méritos puramente técnicos, como ser la primera película que montó vías para las cámaras para poder efectuar travellings en escenas como las de atletismo, o en usar técnicas de transición entre escenas innovadoras. Tema aparte es la previamente mencionada fascinación por la belleza del cuerpo humano atlético en movimiento. ¿Hasta qué punto puede resultar criticable la fascinación con algo consensuadamente bello? Dicha fascinación quizás provenga de la ideología política, pero es indiscutible que hay un elemento de belleza más allá de la política en estas imágenes.

Aún hoy las Olimpiadas son un espectáculo seguido en todo el mundo, y cualquiera puede pararse a admirar el propio físico de los atletas, la perfección de su ejecución o la dedicación absoluta que ello comporta. Bellos y majestuosos son también los vestigios de la antigua Grecia vistos en Olympia. La directora evoca con una serie de tomas la Grecia mítica, la perfección escultural de sus edificios y estatuas. ¿Como se puede negar el mérito artístico de semejantes tomas?


Usain Bolt, 9,69 segundos, 100 metros. Plástica en movimiento.

Se condena este "documental" -por su contenido, porque existe una clara intención manipuladora, al menos bajo mi juicio-, pero este filme sentó las bases para la glorificación posterior de los juegos olímpicos, en especial de los de verano. La carrera de relevos con el fuego olímpico que finalmente enciende la antorcha del estadio donde están sitos los juegos no es una tradición ancestral, fue diseñada por Riefenstahl y el departamento de propaganda nazi como exaltación de su régimen. Y se sigue celebrando como un acontecimiento que une a todo el mundo en la tradición olímpica.

Teniendo de nuevo en cuenta la controversia en torno a su contenido político, pero también sus aportaciones a la evolución del cine, Olympia es indudablemente una obra de arte y una pieza cultural importante; puesto que provoca lo que toda pieza cultural debe provocar: admiración, reflexión y discusión.

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Pontificados

Leo con más o menos asombro un artículo de Josep Cuní en El Periódico de Cataluña hoy. Para quien le interese, se puede leer el artículo completo aquí. Sin embargo, me quedo con una frase en concreto:

"...con protestas y encierros, ingenuos estudiantes instrumentalizados por infiltrados antisistema, profesores nostálgicos de la juventud perdida y ansiosos de recuperar el espíritu de aquello que pudo haber sido y no fue, policías cuestionados y airados y su conseller contra las cuerdas."

Me alegra ver que el Sr. Cuní, desde su infinita sabiduría, ha encontrado la manera de poder seguir con el argumento de que los estudiantes en contra del proceso de Bolonia son una minoría después de la manifestación del pasado jueves, que agrupó a miles de asistentes.
Queda clarísimo, hemos sido manipulados por los "antisistema" y somos todos "ingenuos". Seguro que todos los que portaban pancartas en la manifestación no son miembros de sindicatos de estudiantes sino que son una pandilla de punkis perroflauta. De un plumazo el sumo pontífice de las mañanas de la TV nos arrebata toda capacidad de raciocinio y nos convierte en borregos obedientes al servicio de un arquetipo que viene siendo construido por lo medios desde hace un tiempo, el "antisistema".


Alumno de doctorado típico siendo acompañado a la facultad por los Mossos, según los medios.


Semejante argumento
, obviando una realidad que no interesa mencionar, nos retrotrae a las mejores declaraciones falaces, como ese "No votar al PP es votar a ETA" de Aznar.
Recuerdo como uno de los mejores profesores que he tenido a lo largo de mis estudios, el profesor Jarque de Géneros Argumentativos en Prensa, nos comentaba que declaraciones de este estilo solo se pueden achacar o bien a una intención manipuladora o a la incompetencia.
A mi entender, lo que sería ingenuo es pensar que el Sr. Cuní es un incompetente, pues resulta obvio que no se llega dónde ha llegado él sin ser un buen periodista. Por lo tanto, vuelvo a la idea con la que cerraba el anterior parágrafo, la construcción del arquetipo de "antisistema".

Ahora me voy a poner un poco pesado. Quiero recordar los escritos de Walter Lippmann, uno de los periodistas más influyentes del siglo XX. Sin extenderme mucho; Lippmann postulaba en sus textos la construcción de una realidad cohesionada a nivel social por parte de los medios de comunicación, sobretodo por parte de la prensa. Inevitablemente, los periodistas simplifican la realidad en una serie de estereotipos para la fácil comprensión de su público. Para ello, se construyen una serie de estereotipos en los que englobar a los actores en qualquier conflicto.
Esta arquetipación, ni que decir tiene, puede ser accidental, deliberada o intencionada.


El Sr. Lippmann en uno de sus típicos episodios de euforia.


Ya desde hace unos meses, se identifica desde los medios al movimiento en contra de Bolonia -no uso el término anti-bolonia deliberadamente, por las razones que ahora expongo- con el llamado "antisistema". No hace falta buscar mucho para ver que la conceptualización de los estudiantes de estos colectivos de un tiempo hacia aquí es la siguiente: un tipo más o menos desaliñado, que no asiste a clase, que está en contra de todo y cuyo único interés es fumar porros en el césped del campus. Por suerte son una minoría, aunque como dice el Sr. Cuní, contaminan a todo el colectivo universitario con su insidiosa acción. A parte de ser los causantes de todos los disturbios en manifestaciones, por supuesto.

Ya en un Telenotícies vespertino de TV3 de la semana pasada se juntaba con toda la intención del mundo un bloque de dos noticias sobre el movimiento en contra de Bolonia con una noticia sobre disturbios urbanos, con profusión de imágenes de archivo de contenedores quemados, encapuchados echando piedras y semejante imaginería. Por supuesto estas acciones son dignas de castigo y merecen ser reprimidas por los cuerpos de seguridad, pero esto no es comportamiento estudiantil típico.

Señores, yo no estoy a favor del proceso Bolonia y voy a todas las sesiones de las asignaturas en las que estoy matriculado, me visto como una persona normal, me ducho cada día y no voy tirando cócteles Molotov a los cajeros automáticos mientras paseo.
Dejémoslo claro: la aplicación del Espacio Europeo de Educación Superior -la iniciativa identificada como Proceso Bolonia- no ha sido consultada con los estudiantes. Se está imponiendo una normativa por intereses privados. Por supuesto el proceso Bolonia tiene elementos muy interesantes, como la convalidación europea de títulos universitarios, pero en cualquier caso promueve una serie de actuaciones que no parecen adecuadas a gran parte del colectivo universitario -incluyendo a más de un profesor-.
La universidad española no dispone de los medios económicos para aplicar una estructura como la propuesta en el EEES, faltan profesores y medios materiales. Por otra parte, la generalización de las llamadas "becas préstamo" supondrá que toda una generación de universitarios se hipotequen ya antes de terminar sus estudios.

Veamos una entrevista que mantuvo el Sr. Cuní con dos representantes del movimiento estudiantil, con la participación de la siempre inestimable Pilar Rahola y con perlas como la siguiente:

"Cuní: ¿llevas muchos años en la universidad?
Representante: Sí.
C.: ¿Qué pasa, no apruebas?
R.: Soy alumna de doctorado.
"









Señor Cuní, sus declaraciones y su postura sin duda obedecen a una serie de argumentos en los que Ud. cree firmemente, pero no por ello tiene el derecho de presuponer la inoperancia intelectual de los que no estén de acuerdo con ellos. No está Ud. en posesión de la verdad, de la misma manera que no lo está nadie. Sin duda Ud. cree que la aplicación del EEES es adecuada según su punto de vista o el de su círculo de conocidos, pero Ud. no es la sociedad en su conjunto ni puede hablar en nombre de quien no le ha cedido su derecho a palabra. Por favor deje de esparcir sus opiniones -recalco, sus opiniones- como si fueran una verdad única y monolítica.

O bien váyanse Ud. y la Sra. Rahola a debatir -nótese la cursiva, por favor- con intelectuales de su calibre, como los invitados de La Noria.

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La Jetée


Aprovecho
que referenciava este filme en mi post anterior para compartirlo con todos vosotros. La Jetée es un filme francés del 1962, creado por Chris Marker. En escasa media hora y utilizando casi exclusivamente fotografías estáticas en blanco y negro y voz en off, este corto nos relata la historia de un experimento post-apocalíptico de viajes temporales, que a la postre son la última esperanza de la Humanidad para salvarse. En este film se basó de forma más o menos libre Terry Gilliam para rodar Doce Monos, que a mi parecer es una buena película pero carece de la fuerza de este corto original, que es a la vez inquietante y revolucionario con el formato cinematográfico.

Dejo aquí una versión subtitulada en español del original, dividida en tres partes y con una calidad que no es la mejor, pero bueno, es gratis, o sea que a quejarse al Maestro Armero.
Recomiendo encarecidamente a todo el que le guste ni que sea un poco la ciencia ficción que la vea y que busque luego una versión de más calidad, como por ejemplo la edición Criterion.

Pasen y vean:






Dicho sea ya de paso, por favor no me demande, Sr. Marker. Yo solo he puesto unos vídeos que he encontrado buscando "La Jetée" en Google Video... Ni los he colgado yo en internet, ni están hospedados en mi página, ni pretendo promover la piratería, brau brau brau.

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El ojo te ve


No
voy a escribir sobre Sauron, no. Me gustaría reseñar en este artículo un vídeo que he visto por internet, llegando a él por referencia de otras páginas web, o bien de conocidos via mail o boca-oreja. Resulta curiosa esta viralidad que adquieren algunos vídeos en la red. Es de hecho un recurso bien explotado por las cabezas pensantes del márketing, que ya han definido el término desde hace tiempo, entendiéndolo de la siguiente manera:

Viral marketing es el término referido a las técnicas de márketing que utilizan redes sociales que ya existen -como por ejemplo, la propia internet, o redes sociales como MySpace o El Maligno-digo, Facebook- para incrementar la presencia de marca o alcanzar otros objetivos a través de un proceso auto-replicante, similar a la expansión de un virus.

Queda claro que el quid de la cuestión yace en esta última frase. Los señores publicitarios -que no publicistas, como suele recordar un buen amigo- son una pandilla muy espabilada y hasta han encontrado la manera de que les hagamos su trabajo. Eso sí, lo primero es esconder la naturaleza comercial del mensaje, porque ya se sabe, internet aborrece todo lo comercial, y somos todos muy libertarios.

Esta tendencia ha generado tanto grandes desastres de márketing, como el site "All I want is a PSP" -que ya murió, pero aquí tenéis un artículo sobre el tema-, dónde para la sorpresa de internet en su conjunto, un grupo de chicos posteaban en un blog sobre como les encantaba la PSP porque "su pantalla es guay" y semejantes horteradas. El hecho de que nadie en su sano juicio hable así junto a que la PSP es una maravilla técnica pero es generalmente despreciada por su falta de software de calidad, a parte de que un par de internautas con afán de detective descubrieran que la página era pagada por una empresa de publicidad precipitó el desastre. Al cabo de pocos días aparecieron como alegres champiñones vídeos que parodiaban la campaña.

Otros grandes éxitos de la publicidad de la PSP incluyen ser racista abiertamente...


Por otra parte este tipo de márketing ha dejado pequeñas joyitas como el vídeo "Cycle Hero", un viral que promocionaba un nuevo Guitar Hero mediante el noble arte del pedaleo a dos ruedas, efectos especiales y un look de vecindario yankee:



No se tardó en descubrir que este vídeo era un viral, pero eso no impidió al público internetero considerarlo una pequeña maravilla. Muchos otros virals han aparecido, pero el propósito de este post, más que esta pequeña divagación sobre el tema, es propagar este vídeo, que de momento no se sabe si es viral, no es viral, es una demo de algún estudio de efectos especiales, o un trailer de Half-life Episode 3, o qué puñetas es. Sin más dilación os dejo con el vídeo, que dicho sea de paso, vale la pena ver en HD ahora que youtube permite la posibilidad:



Antes que nada, yo me saco el sombrero ante este corto, que a parte de usar una visión subjetiva con un resultado arrollador a mi parecer, realmente nos lanza a un ambiente de catástrofe desde lo cootidiano e incorpora elementos de hard science-fiction que rompen el conjunto y a la vez le dan una dimensión distinta, rompiendo sutilmente la realidad como hace la buena ciencia ficción -me estoy refiriendo a La Dimensión Desconocida, o La Jetée, o los propios Half-life-. Resulta obvia la influencia de la serie de videojuegos en el corto, pero eso no le resta calidad.

¡Comentad malditos! Que el Ojo de internet sois todos vosotros y esta página una humilde lona en la que yo hago sombras chinas para vuestro entretenimiento.

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En vaya una me metí

El tema de escritura de esta semana para Periodismo Cultural es el Viaje. Así, con mayúsculas, un Viaje que nos haya cambiado profundamente, que haya ampliado nuestros horizontes. A más de uno le sonará este concepto a viajes a la India, a África o a otros sitios por el estilo, en los que uno viaja "para encontrarse a uno mismo", como reza el tópico -que valga la ocasión, como la mayoría de tópicos es bastante absurdo, porque menudo golpe debiste darte para tener que irte a buscarte a ti mismo a la India cuando tú eres de Santa Coloma de Gramanet de toda la vida, ¿no?-.

No creo que yo escriba sobre esta acepción del tema propiamente dicha, ya que casi todos los viajes que he hecho los he hecho con mi familia, y aunque París o Venecia son bonitas, viajar de la mano de tus padres es algo que habitualmente haces no por volición propia, sino porque se te dice. Y aunque nuestros padres en su infinita sabiduría nos quieran maravillar con el Louvre o una puesta de sol en el Montblanc, a esas edades somos solo unos mocosos que lo que quieren es volver al coche porque les duelen las plantas de los pies de tanto andar ya; con lo que el valor del viaje queda algo diluido por tus recuerdos de estar en el asiento trasero de un Opel Kadett masajeándote el dedo gordo del pie.

Sin embargo, hace ya algo más de un año hice un viaje que quizás a muchos no les parecerá muy impresionante, pero que fue un paso bastante significativo para mí. Fue el primer viaje que hice yo solo, y me recuerdo a mí mismo vagando por la terminal del aeropuerto con mis bártulos y la nevera de mi medicación, en un estado de aturdimiento entre el de un ciervo golpeado por la luz de los faros de un coche o una víctima del mal de Stendhal. Para ser mi primer viaje en solitario no estaba nada mal, me iba a coger un avión -por primera vez en mi vida- hasta el aeropuerto de Malpensa en Italia, cerca de Milán, donde me esperaba un flamante coche de alquiler -que vaya cirio para alquilarlo-, y sobretodo, me esperaba Ella, con mayúscula, mi novia, con la que llevaba saliendo por aquel entonces medio año.


Aquí podemos ver una foto clara de un ejemplar típico de pazguato ibérico deslumbrado por los precios del duty free.


No es que fuera una de esas relaciones raritas a distancia, que partiendo de la base que yo no sé hablar italiano habría sido algo curioso, sino que ella había partido hacia las Italias para disfrutar de una beca Erasmus. Y yo, en un alarde de melíolamantaalacabeza-ismo nada habitual en mí, decidí coger los bártulos e irme para Italia con ella. Así, me quedé más pelado que una rata y me reservé billete de avión y coche para moverme por la región de Varese, para seguidamente hablar con mi médico.

Esta ya es la segunda vez que me refiero a mi medicación o a temas médicos. Seguro que os habréis dado cuenta porque sois todos muy avispados. Ay pillines. El caso es que sufro hemofilia y necesito medicarme ante el más mínimo golpe, so pena de tener tal hematoma que me quede la complexión como la de un pitufo -por lo de azul, ja ja. Que broma más elaborada-. Con lo que me dispuse con determinación a pasar por los controles de seguridad de los aeropuertos con un maletín refrigerado lleno de jeringuillas repletas de un polvillo blanco que a ojos de cualquier vigilante aficionado a las películas de Michael Bay parecería por lo menos discutible. Para mi pasmo en El Prat ni tan siquiera me preguntaron por qué puñetas quería subir a un avión con un montón de objetos afilados y polvo marcado con el símbolo de peligro biológico. Viva la seguridad de nuestros aeropuertos.

Los Palos del Mal, sitos en una fortaleza aislada en medio del Lago de Como para que su arcano patrón rojiblanco no destruya la cordura de la humanidad.

Una vez llegado al aeropuerto de Malpensa, sufrí dos shocks. Primero, constaté que efectivamente no entendía ni palabra de italiano y que mi abuela no tenía razón con eso que me decía de "no sufras, si total los italianos hablan como nosotros". Segundo, vi la tarifa de alquiler del coche. Bueno, por lo menos aún me quedaba algo de dinero para comer.


Espero no tener que explicarle al chófer adónde voy.

Partí así pertrechado al encuentro de mi amada, viaje épico que llegó a su meta más o menos al final del finger de desembarco del avión, donde ella me esperaba. Qué pasa, si queríais un relato largo de un viaje que parece interminable, haberos ido a leer El Señor de los Anillos. En todo caso, pasé cinco días maravillosos con ella en Italia, pero sobretodo, recuerdo el sol sobre el Lago de Como, y más que nada, recuerdo el lago reflejado en sus ojos (síii, por fin, ya soy un cursi). Supongo que no tengo capacidad para los viajes, porque recuerdo mucho más nuestros ratos en el apartamento en el que estábamos alojados que el Duomo, el mencionado Lago de Como o las Galerías de Milán.

Vemos en esta foto una escena típica de Milán, las multitudes paseando ante una estatua ritual de una vaca albina que representa el espíritu nacional. O algo así era.

Con todo, no partí a encontrarme a mí mismo, sino a otra persona -que la encontré, y hasta hoy aún no la he soltado-, pero creo que este primer viaje no será el último.

Total ya he superado el catering de Vueling, soy un hombre que no le teme a nada.

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Vergüenza


Quisiera comentar los hechos acaecidos estos últimos días, pero lo único que siento es vergüenza. ¿Acaso hemos vuelto a los días del franquismo? ¿A santo de qué la policía, que se supone que es garante de la seguridad del pueblo, apalea salvajemente a unos estudiantes desarmados? ¿Y luego dicen que obedecían órdenes? ¿Qué pasa, que no son capaces de pensamiento autónomo, de sentir vergüenza ante lo que hacen?

Las reacciones posteriores ya son de escándalo, entre el rector que justifica las cargas en nombre de la prevención de la violencia -como se suele decir, es tan lógico luchar por la paz como follar por la virginidad- y el conseller del, se supone, más progresista grupo del tripartito, que debería luchar por los derechos civiles en lugar de sofocarlos, pidiendo disculpas. Luego están los buitres de la oposición, que como siempre, aprovechan para pedir dimisiones, aunque ellos "comprendan" a los mossos -en minúscula porque la mayúscula no se la merecen-.

Apalear a detenidos en custodia, periodistas y transeúntes que simplemente pasaban por allí. ¿Eso es lo que hace un cuerpo policial estatal? En el momento en que el Estado pierde la legitimidad para emplear la fuerza física y la coerción no es otra cosa que una mafia. Salve al padrino Saura.

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Ítacas

A petición de nuestro profesor comento esta semana -ya sé que debería hacer más posts, pero si no hay inspiración, no la hay- el poema de Kavafis "Viaje a Ítaca". Cabe decir que antes de leerlo sólo conocía la versión de Carles Riba y Lluis Llach, y como personalmente no puedo con la música de estos honrados señores, no había profundizado mucho en el poema. Sin embargo, me ha resultado interesante el uso del viaje de Ulises como metáfora de la vida. Ya lo hemos oído de otros, como el célebre "Caminante no hay camino" de Machado, proposiciones similares, pero Kavafis reincide en el mensaje: El destino no es el propósito de un viaje, es decir, el cumplimiento de cualquier objetivo no es lo esencial de esa misma tarea, sino lo aprendido y experimentado en el proceso de resolución de la tarea. Aunque resulte algo manido el tema, me quedaría con unos pocos versos del poema que concentran esta idea en unas pocas palabras:


"No has de esperar que Ítaca te enriquezca:

Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.

Sin ellas, jamás habrías partido;

mas no tiene otra cosa que ofrecerte."


Comparable sin duda a los versos del poema que antes mencionábamos de Machado:


"Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

caminante, no hay camino,

se hace camino al andar."


Así que caminad mucho compañeros, y no dejéis de disfrutar de las vistas, o como dicen los ingleses, stop and smell the roses.

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De la poca vergüenza

El número de multimillonarios creció entre 2003 y 2009 de poco menos de quinientos a más de mil. Estos millonarios son los que han comprado el 40% de las obras de arte con un valor superior a medio millón de euros que han salido al mercado en este período.

Es indiscutible que el coleccionismo, que tradicionalmente unía apreciación del valor artístico con apreciación del valor pecuniario de la obra, ha pasado a ser algo puramente relacionado con el valor monetario. Se supone que los ricos y poderosos tienen gusto por el arte, pero cuando nos encontramos con cuadros de Miró puestos en el lavabo de la casa de uno, cabe cuestionarse que esta definición sea aplicable a los coleccionistas de arte actuales.

Claramente este hombre tiene una opinión sobre el lugar que corresponde al arte abstracto: junto a la taza del váter.

Visto lo visto, aunque se supone que el coleccionista en el sentido clásico auna gusto, capacidad adquisitiva y voluntad de adquisición, se podría decir que los coleccionistas modernos compran arte por su valor especulativo. No en vano el arte es un bien escaso, en tanto que cada obra es única, y se le da un valor ya no de acuerdo con la impresión estética que produzca, que es intransferible y subjetiva para cada persona, sino que se le da un valor relativo a su rareza. Significativo es el caso de la Pequeña Bailarina de Degas, que además nos sirve para ilustrar otro tema, el efecto perverso de la compra de arte por parte de gobiernos. Existen diversas copias de esta escultura, sin embargo, aunque los gobiernos hayan comprado y puesto en exhibición la mayoría de estas copias, eso solo ha hecho que las copias restantes suban de valor para los coleccionistas privados.

El estado, en su misión constante de dar a conocer el arte al pueblo llano, no ceja en sus empeños de adquirir piezas de arte significativas -de pintores que en vida murieron de inanición porque no tenían un ochavo para gastar en algo que traerse a la boca-, pero con ello solo se consigue aumentar el valor en el mercado especulativo del arte. De la misma manera que condenamos la especulación inmobiliaria por considerarla especulación con bienes de primera necesidad, debemos condenar la especulación con obras de arte, en tanto que su adquisición por parte de ricos y famosos solo por su valor monetario está privando a la sociedad de disfrutar de estas obras.

Máximo es el asco que provoca el tema cuando tenemos en consideración que para esquivar los impuestos que el estado recauda sobre estas obras, algunos tienen la desfachatez de constituir "fundaciones" para su conservación y estudio que al final solo sirven para evitar que la gente tenga acceso a ellas bajo el pretexto de la conservación de la obra. Si tanto les preocupa la conservación de sus cuadros, señores, dónenlos a los museos públicos, donde se cuidarán con todo el mimo que sea necesario.

Si esto es arte mi carnicero es el prohombre más extraordinario de la historia.

¿A qué extremo de demencia hemos llegado cuando un conjunto de animales embalsamados en formol se vende por 124 millones de euros? ¿Deberíamos aplaudir al artista por su audacia o apedrearlo en público a él y a sus compradores por su abyecta imbecilidad? Llegados al punto en el que estamos, el arte deja de ser una exaltación de lo estético y de dictaminar lo que es buen gusto para la sociedad, en resumen, ser una guía para todos; y se convierte en un círculo masturbatorio en el que el arte más trash se vende como provocador y revolucionario.

Si ya Dalí se tomaba a broma el mercado del arte firmando lienzos en blanco para ganarse la vida, y Miró pintó un cuadro con su propia materia fecal -vamos, su mierda-, ¿qué necesidad hay de seguir tomándose en serio académicamente a esta pandilla de buitres carroñeros que se ganan la vida a base de lanzar carnaza a las fauces de los ricos? Que unos dejen de revolverse en sus propios excrementos y los otros se vayan a especular con acciones de bolsa, que para eso está el mercado bursátil, y dejen los dos de amargar la vida al respetable.


Pasen y vean el milagro de la alquimia, la transformación de la basura en oro

Si habrá que agradecer algo a la crisis que nos ahoga, será el declive de este mercado de arte desbocado y que ha perdido el norte. Sotheby y Christie's van de capa caída, y las ventas de arte en ferias como ARCO y FIAC caen, cuando no directamente se cancelan estas ferias meses antes de su apertura, aunque aún se den grandes coletazos como la venta de la colección privada de Yves St. Laurent. Así, esperemos que con un poco de suerte cuando el dinero fácil abandone el campo del arte, volvamos a disfrutar de algo que se pueda considerar buen gusto.

Y sin más, un poco de sabiduría en forma de comedia:



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¿Who watches the watchmen?


¿Quien vigila a los vigilantes? Esta pregunta sirvió como pie a Alan Moore el 1986 al crear para DC Comics una serie que revolucionaría el concepto clásico de superhéroe como personaje sin fisuras, encarnación todopoderosa de un ideal -Superman o Green Lantern como ejemplos de personajes de la casa DC poco menos que omnipotentes-. Con la ayuda del dibujante David Gibbons el escritor tomó como base una serie de personajes de una editorial recientemente absorbida por DC, Charlton Comics, y los usó para reflexionar sobre la naturaleza humana fundamental del héroe, dándole intereses, problemas personales y sobre todo, defectos propios de personas de su tiempo a sus personajes.

A la vez,
Moore compararía a estos héroes más verosímiles con un superhéroe omnisciente que pondría de manifiesto la alienación que semejante poder provocaría. Con todos estos elementos, el genial guionista elaboró una serie que marcó el desarrollo del cómic moderno y revolucionó sus bases temáticas, firmando una obra maestra poco menos que sagrada para los aficionados del género. Mucho se ha escrito sobre Watchmen, y no vamos a tratar del cómic original aquí -aunque desde aquí también se recomienda encarecidamente su lectura, sea del original de los ochenta o de las múltiples reediciones de la colección completa que se han publicado.-



La adaptación del
cómic por parte de Zack Snyder se estrenó hoy, seis de marzo del 2009. El mismo director que se atreviera anteriormente con 300 o un remake de El Amanecer de los Muertos lo ha vuelto a conseguir, ha adaptado lo inadaptable. Después de las controversias legales vividas en torno a la película, con un litigio entre Warner Bros. y Twentieth Century Fox que llegó a poner en entredicho el estreno de la misma, el film ha llegado a los cines.

Ha llegado con la expectación que envuelve a cualquier gran producción de
Hollywood, más cuando esta producción es una adaptación de otro medio. Expectación, claro está, que va en ambos sentidos, puesto que al igual que muchos tenían puestas grandes esperanzas en la adaptación, otros -entre los que me cuento- temían por los recortes que pudiera sufrir un material original tan crudo en las manos de la siempre presente tijera de los cánones del cine comercial. Una cosa está clara: los fans del original pueden respirar tranquilos. Pese a algunos cambios mínimos en el guión -más que comprensibles en la adaptación de una de las series de cómics más complejas de la historia, con más de 400 páginas de longitud- la esencia de la historia se respira en cada uno de los fotogramas de la película.

El trabajo en la máscara de Rorschach es excepcional, fluyendo constantemente según el estado de ánimo de su portador.

Destaca a parte del excepcional trabajo de adaptación de guión -que cuenta con la colaboración de David Hayter, conocido actor de voz y
guionista- el trabajo en el vestuario de los protagonistas. La mayoría de personajes -a excepción de Rorschach- han recibido un rediseño de su traje, viéndose reflejado en ellos un estilo más actual que el propuesto en el cómic original. Podría decir el purista que este rediseño choca con el hecho de que la acción ocurra en 1985, pero de hecho es un anacronismo aceptable viendo el cuidado que se ha puesto en la ambientación -los programas de TV, el ordenador que se usa en una secuencia, etcétera-.

El trabajo de los actores, en particular de Billy Crudup, Jackie Earle Haley y Patrick Wilson es también destacable, aunque el personaje de
Rorschach resulta una versión más cuerda del psicópata en un mundo que le repugna del cómic. Sobretodo Crudup hace una gran labor aportando al Dr. Manhattan de una cierta gravedad en su forma de actuar y moverse que le distancia claramente de sus compañeros en pantalla hasta con el más mundano de los actos. Todos los actores están acertados en su papel -aunque la caracterización del presidente Nixon en el filme ralla lo caricaturesco-, viéndose el acierto de usar actores poco conocidos para los papeles: cada actor y actriz resulta creíble como su personaje, reflejando la historia que pesa sobre sus hombros.

Volviendo a la adaptación del guión, lo único que se podría tachar de ella es una cierta tendencia al
happy ending en las dos secuencias finales. Con todo, el filme resulta dinámico y entretenido, aunque la primera hora, que presenta personajes y plantea la historia, es algo lenta, sobretodo comparándola con unos títulos de crédito impresionantes, que en cortas secuencias mezclan imágenes de referencia histórica -las flores en los rifles el 68, el monje que se quemó vivo como protesta ante la guerra de Vietnam- con los personajes del filme, zambulléndonos de cabeza en la historia familiar, pero marcadamente distinta, de este mundo al borde de la destrucción nuclear.


De izquierda a derecha, El Comediante, Espectro de Seda II, Dr, Manhattan, Ozymandias, Búho Nocturno y Rorschach.

Mención aparte merece la banda sonora, que impacta por su inclusión de temas emblemáticos de su época de artistas como
Nat King Cole, Jimi Hendrix, Janis Joplin o Bob Dylan. A parte de estas canciones, la banda sonora compuesta por Tyler Bates -que ya colaboró con Snyder en la banda sonora de 300- es más que correcta y acompaña a la acción dándole los toques de gravedad necesarios.

No comentaremos aquí los detalles de los giros argumentales del guión para no estropear la película a quien no haya leído el original, pero si confirmamos que están todos los de la novela gráfica. Lo único que se puede reprochar a
Watchmen es que a veces parece dar demasiada información de forma atropellada para luego detenerse con efectismos a cámara lenta en escenas de acción que aunque no resten profundidad al conjunto se podrían haber resuelto con mayor velocidad. También resulta discutible la gratuidad casi gore de algunos planos especialmente sangrientos, que aunque no sorprende viendo la filmografía del director resta calidad a un filme excelente.

Watchmen deja una impresión profunda y positiva, atreviéndose a ir más allá tanto en el grafismo de su violencia como en la inclusión de escenas de una dureza que sorprende en un filme de su presupuesto y comercialidad o la profundidad esperada de una película comercial.

Con todo, es una obra que se coloca al lado del original, orgullosa de ser un trabajo con entidad propia y que sobrepasa con mucho a todo el cine de
superhéroes visto hasta la fecha sin caer en la pedantería o la autoimportancia de otras películas del género. Vigilen a los vigilantes, me lo agradecerán.

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¿Quien vigila a los píxeles?

Esta tarde iré a ver Watchmen y espero poder escribir una entrada con su correspondiente crítica en breve, pero para ir saciando esa sed de película que supongo que afectará a más de uno, os dejo un enlace con un viral bastante curioso de la película:




¡Un beat'em up de los de toda la vida al estilo de grandes juegos de los 80 como Double Dragon!
Podeis controlar a dos de los Minutemen -los antecesores de los protagonistas de Watchmen- en esta maquinita, que no es ningún prodigio de la técnica pero sin embargo nos traslada al universo que Alan Moore creó para su, a mi parecer, mejor obra. Sin más, aquí está el enlace para que podais ir a echar unas cuantas monedas en la maquinita. Funciona en flash en el propio navegador.