Huellas, sombras, rastros


Ayer fui
al Teatro Tívoli en Barcelona a ver Traces, un espectáculo de la compañía Les 7 doigts de la main. Aunque decir eso sería faltar a la historia completa.

Otra vez: ayer fui al Teatro Tívoli de Barcelona a ver Traces, un espectáculo de la compañía Les 7 doigts de la main. Fui con mi novia, puesto que le había regalado las entradas por su cumpleaños hace una semana. Cabe decir que no acostumbro a ir mucho al teatro -ya, mal por mí-, y no sabía qué esperar de un espectáculo que se anuncia como una fusión de danza, circo, música y humor. Tampoco sabía que esperar del Teatro Tívoli, cosa que provocó la primera sorpresa grata de la tarde.

El exterior del teatro conserva la fachada de la edificación original del 1880. La foto de la izquierda no le hace demasiada justicia, pero si os podéis imaginar la entrada de la izquierda con todas las bombillas encendidas enmarcando un hall precioso -puesto que los interiores también se conservan de la edificación original-, os podeis imaginar la magia que despide el mismo edificio desde el primer momento.


Tras comprobar que podíamos esquivar la cola de las taquillas puesto que las entradas ya estaban recogidas, pasamos a nuestras localidades: reservé dos butacas en el centro de la primera fila del anfiteatro del piso superior; no es por darme coba pero probablemente sean las mejores localidades del teatro, teníamos una panorámica de toda la sala además de una visión perfecta del escenario. Y un niño de tres años hiperactivo al lado que no dejó de hablar -"Mama, perquè estan fent això?"- durante toda la obra. Pero pronto me olvidaría de todo eso.

Traces es un espectáculo, como decíamos antes, de circo, música, danza y humor. Los intérpretes, cuatro chicos y una chica alarmantemente jóvenes -no hay nada como que te hagan sentir viejo a los 27- que responden a los nombres de Philip, Rafael, Antoine, yo también me llamo Antoine, y Genevieve, vienen de la École Nationale de Cirque de Montreal, y ejecutan proezas en el escenario que dejan corta cualquier descripción. Veamos un vídeo de sus ensayos:




Y esto no es más que una pequeña parte de lo que veríamos en el espectáculo. Empezamos por las presentaciones de los intérpretes, que hacen del micrófono que cuelga del techo un elemento de la misma obra. Los cinco logran, a través de cortísimos monólogos, casi frases hechas, se diría, crear una complicidad e intimidad con el espectador que dista del artificio y la grandilocuencia de otros espectáculos de este tipo -Cirque du Soleil, *coff coff*. Hasta hay un guiño un poco malintencionado a Alegría en la obra-.


Los cinco intérpretes en un momento de confesión al público.


Traces es un espectáculo inmediato, cercano, que combina con un ritmo endiablado elementos como las acrobacias con balón de básket, monopatín y elementos circenses como una anilla gigante de metal, una cuerda en suspensión -que abraza a Genevieve en uno de los momentos más plásticos de todo el espectáculo, de una belleza abrumadora- o dos barras fijas verticales que aportan alguno de los momentos de más peligro de la obra.



A parte de sus logros en la acrobacia, hay que destacar el comedido sentido del humor de la obra, siempre emocionante, entre la sonrisa, la lágrima, y la ovación. Pudiera parecer que una obra con tantos elementos distintos puede diluirse entre ellos, pero Traces consigue equilibrar todos sus talentos con ritmo y gracia, separándolos entre ellos con contrastes, cambios de ritmo que lejos de romper el contínuo de la obra, resaltan sus momentos más bellos. Su hora y media de duración es un viaje trepidante, que se hace corto y deja al espectador, como todo buen espectáculo que se precie, con ganas de más, de mucho más.


¿Parece impresionante? pues lo está haciendo a unos cinco metros del suelo.


Poco queda más que decir. Disfruté -en inmejorable compañía- de un espectáculo distinto a cualquier otro que hubiera visto hasta entonces. Me dolieron las manos de tanto aplaudir. Estuvimos aplaudiendo, en pie, a los doigts durante más de diez minutos después del espectáculo.

Desde aquí, una enardecida recomendación: no se lo pierdan, nada que se pueda imprimir en papel o mostrar en pantalla es comparable a la impresión en directo creada por el espectáculo. Es ágil y dinámico, conmovedor sin ser artificioso, jugueton sin resultar infantil, profundo sin ser pesado. Sin duda me dejo en el tintero -virtual- muchos momentos de Traces, pero ya son parte de mí, una experiencia vivida de la mano de unos intérpretes fuera de lo común.

Desde los evocadores momentos de danza, hasta los números con el público, pasando por los momentos en que hasta la última fila contiene la respiración viendo volar por los aires a los artistas, Traces es una maravilla, y sobretodo, una exaltación de la alegría de vivir, de la alegría de jugar, de ser, de saltar, de llegar más alto, más lejos y más fuerte.

Ya quizás es tarde para la recomendación, puesto que hoy es el último día de función en Barcelona, pero el montaje sigue con su gira por la península. No lo dejéis perder.

btemplates

5 respuestas:

clara_etc dijo...

jajajja me diràs que no és tot un repte enfrontar-se a ses crítiques d'aquest home? o almenys per gent amb baixa autoestima crec k ho és!

Denkara dijo...

2 palabras: In-creíble!
Me lo pasé muy bien ayer! Un espectáculo inpresionante. Lo más espectacular... para mí... la cinta de la que se cuelga la chica, a 4 metros de altura y solo apoyada por el empeine del pié!
Lo curiosos es que de los 5 chicos que salen en el video promocional solo el Raphael sigue en la compañia, al resto los han cambiado...supongo que es una iniciativa de la escuela de danza canadiense, y van haciendo rotaciones...nosé..

Impresionante espectáculo, al siguiente que hagan, repetimos!

ElFanGris dijo...

Tengo una pregunta. ¿La obra en si fuera a parte de su contenido simbólico cuenta alguna historia o tan solo es una sucesión de números acrobáticos?.

MaKaNudoO dijo...

Mooola! Es como un cirque du soleil a lo Tap Dogs con toques de pseudo minimalismo... ¿He dicho yo eso?

Dios, que enfermedad más mala la mía.

Por cierto, sí, me han entrado ganas de verla

Ubeinn dijo...

@ElFanGris: La obra queda como un conjunto cohesionado; no es que tenga un argumento concreto, pero se diría que tiene un ambiente, una atmósfera como de realismo mágico que te cautiva. A parte los segmentos de monólogo de los intérpretes crean mucha empatía con el público.

@Clara_etc: Risto Mejide es El Maligno, o por lo menos una subcontrata de él.

@Makanudoo: Pues o te coges el AVE a Madrid o lo tienes difícil...