¡Salón!



Se está celebrando mientras escribo esto la vigésimo séptima -la veintisiete, vamos- edición del Salón Internacional del Cómic de Barcelona. Me gustaría ser más cool y estar escribiendo desde el mismo Salón, pero el hecho es que esta entrada la escribo a posteriori sentadito en mi casa. Fui al Salón el día de su apertura, el viernes. Para los que se pregunten si me he equivocado (porque claro, el Salón suele abrir sus puertas el jueves), no me he equivocado. Debido a una extraña conjunción astral el Salón se celebra de viernes a lunes este año. O porque en Barcelona el lunes es fiesta. Algo así era.

Volviendo al tema, hacía ya bastante tiempo que no asistía a un Salón del Cómic, pero este año me decidí a ir de nuevo. Tantos años de absentismo se justifican por la siguiente idea: pagar seis euros de entrada para comprar lo mismo que puedes comprar en cualquier tienda especializada con entrada libre es una tontería.

Foto de móvil de paupérrima calidad en la que se observa a soldados del Imperio arrestando a un pobre tipo que pasaba por allí. Las fotos del interrogatorio posterior no se harán públicas para no herir la sensibilidad del lector.

No obstante, lo que es una tontería es esta idea. Aún viendo poca cosa -porque me pasé tres de las cuatro horas que estuve en el Salón haciendo colas para que me firmaran varios autores, como explicaré más tarde- tuve tiempo de ver una exposición de originales de Flash Gordon de Alex Raymond, de ser asaltado por azafatas -que sufridas ellas, de verdad- disfrazadas que ofrecían todo tipo de flyers a cada cual más absurdo, y de ser arrestado por un destacamento de soldados de asalto imperiales. Y de atracar algunos stands, por supuesto.

En definitiva, que el Salón tiene un ambiente que no se puede vivir en cualquier tienducha un viernes por la tarde con los amigotes. Más allá de esto hay que decir que el motivo que me empujó a ir fue la visita de Mike Mignola. El autor de El Increíble Cabeza de Tornillo, Langosta Johnson, y sobretodo de Hellboy, estaría firmando en el stand -porque decir "puesto" o "tenderete" no queda bien- de Norma Editorial, de las cuatro y media a las seis menos cuarto.

Supongo que queda bastante patente que me gusta el estilo de Mignola. Su manera no solo de ilustrar sino de guionizar recupera el estilo de los cómics y novelas de aventuras como The Phantom o Doc Savage, les da un estilo gráfico que parece sacado de Hugo Pratt, y les da un barniz ocultista con toques de comedia -¡y con nazis como villanos!- que harían sonrojarse a Indiana Jones. Hasta aparece Rasputín en sus cómics. Es que no tiene parangón.

Mi idea era recoger a mi hermano, su novia, y a un buen amigo a las dos y media de la tarde y salir como alma que lleva el diablo para Barcelona. Después nos encontraríamos directamente allí con mi novia , el metalero con más clase del reino, un dibujante y aspirante a director de cine y un tipo que colecciona cartones de colores. El caso es que como no soy Aníbal los planes no siempre me salen bien y llegamos sobre las cuatro al Salón, sin entradas y con el coche por aparcar.


Después de ahuyentar con aspavientos variados a un tipo que quería dejarme sin aparcamiento, entramos al Salón y me puse a la cola -larga ya- del stand donde estaba Mignola firmando. A partir de ese momento hay lagunas en mi memoria.

Entre el calor inhumano que hacía en el pabellón de la Feria de Barcelona donde estábamos, el susto que nos dio una representante de Norma -diciéndonos que Mignola marcharía a la hora prevista hubiera la cola que hubiera, y que si estábamos seguros de que queríamos hacer la cola con la posibilidad de quedarnos con las manos vacías-, y el olor corporal de algunos miembros de la cola, puedo decir que no fue uno de los mejores ratos que he pasado en un Salón. Pero después de hora y media de cola, conseguí la firma de Mignola:


Es un poco triste sólo tener para enseñar una firma y una dedicatoria después de tanto sufrimiento, pero que se le va a hacer.

Mignola se entretuvo bastante con los primeros de la cola dibujando bocetos, y fue bastante generoso firmando, no se limitaba a un ejemplar por persona. Aunque claro, algunos listillos llevaban pilas de cómics para que se los firmaran. Creo que soy el último al que se le hizo dedicatoria de la cola, los de atrás tuvieron que conformarse con solo una firma. Algo es algo.

Después de la cola de Mignola, me sobraba algo de tiempo antes de que firmara el siguiente artista al que quería ver. Bueno, de hecho los dos artistas que quería ver. Y no porque yo sea un freak irredento de los cómics, que lo soy, sino por puro altruismo.

Tenía que llevar un ejemplar de Blacksad a que lo firmara Juanjo Guarnido para mi madre (esto de los cómics me viene de familia desde el abuelo) y un ejemplar del libro de ilustraciones de Juego de Tronos a Corominas para que se lo dedicara a Denkara. Obviamente no me puedo desdoblar, así que mandé a Papú a hacer cola por mí en el stand de Gigamesh. Como es un tipo genial no se negó ni me pegó con el sillín de bici que llevaba consigo. Un tipo muy majo, de verdad.

Insertad aquí otra hora y media de cola delante del stand de Norma Editorial. Guarnido, el ilustrador de Blacksad no solo hacía esbozos en los ejemplares que firmaba, sino que además ¡los pasaba a tinta! Eso sí que es tener oficio.

En cualquier caso, después de que cerraran la cola tres personas por detrás de mí respiré tranquilo y me dispuse a sufrir en silencio lo que me quedaba de espera mientras mis acompañantes saqueaban el Salón por su cuenta. Al cabo de unos minutos, tuve la oportunidad de charlar con Guarnido -un granadino la mar de salao, valga la redundancia- sobre las peculiaridades de animar los bigotes de Bagheera en El Libro de la Selva 2 -"La película é una bazura, pero animar a Bagheera es uno de loh mayoreh privilegios que he tenío en mi vida"- y de observar como dibujaba al protagonista del álbum:


Al acabar de dibujar Guarnido empezó a sonar amablemente por megafonía un aviso de que el Salón cerraba. Por miedo a que nos azuzaran a los mossos o a los soldados de asalto imperiales -de nuevo- salimos del Salón toda la compaña. Satisfechos con nuestro botín (en mi caso, cuatro camisetas con varios motivos, Transmetropolitan -que se merece una entrada por sí sola- completa, Las aventuras de Stevostin, La Capilla de Moloch, algunas chapas y el parche más JEFE del planeta) nos dirigimos a cenar cabalgando hacia el sol poniente y silbando una curiosa melodía.

Poco queda más que decir, excepto que me dejo cosas en el tintero, como por ejemplo la abundancia de azafatas al más puro estilo E3 -incluso siendo parte del género masculino me pareció denigrante, que abnegación debían tener ellas-, o algunas frases memorables como la de la dependiente de un stand, que ante la pregunta "¿Aceptais VISA?" me respondió "No, es que nosotros legalmente no deberíamos estar aquí", o el sablazo que le pegamos a un vendedor de cartas de Magic que no tenía los precios demasiado por la mano. Pero todo eso ya pasó, se perderá como lágrimas en la lluvia.

Nos vemos mirando los rayos-c en la puerta de Tannhauser, más allá de Orión.

btemplates

1 respuestas:

Alvy Singer dijo...

Estuve allí para escuchar a titanes como Miguel Brieva que se codeó con Paco Alcázar y el escritor Javier Pérez de Andújar para hablar de historia del tebeo (Bruguera, Publicidad, etc.) y fue un placer.

Me hubiera molado ir a mi aire a escuchar a ver a Jeffrey Brown y a Paco Roca, pero that's life.