El espíritu de los tiempos

NOTA: Este semestre voy a publicar una serie de artículos en el blog "Den Våldtäktsman", para un seminario de actualidad sobre Stieg Larsson, el éxito póstumo de sus novelas, y los temas subyacentes en ellas. Publicaré mis entradas a susodicho blog aquí en mi sitio personal, con el tag "Sadistiksvin". De todos modos, les recomiendo a todos mis lectores la visita del blog ya mencionado, puesto que se trata de un esfuerzo colectivo y podrán disfrutar allí de los posts de mis compañeros de seminario.

No me gusta el personaje de Lisbeth Salander. Aunque me atrae. Pero no me gusta.

Ah, aviso para navegantes y lectores: de momento aún estoy a mitad del segundo libro de la trilogía, y puede que esta opinión cambie, o que me reafirme en ella. En todo caso, aviso de spoilers del primer tomo sin ningún pudor o consideración a partir de este momento. Quedan prevenidos.

Sin duda alguna este personaje ha sido considerado el principal gancho de la saga Millennium -aunque viendo al otro protagonista, Mikael Blomkvist, que no es más que una proyección idealizada del propio autor con una vida sexual desbocada, resulta lógico; pero ya hablaré de la parte masculina de la novela en otra ocasión-, pero no veo en ella más que una serie de referencias que crean un conjunto más o menos vacío, y que lo único que consiguen es reflejar el Zeitgeist, el espíritu de los tiempos, de los tiempos que viven los millones de lectores de Larsson.

Propongo una serie de puntos para analizar el personaje:
  1. 1. Su rebeldía e individualidad.
  2. 2. Su falta de condicionamiento social.
  3. 3. La legitimidad de la que se revisten todos sus actos.
  4. 4. Las características de sus antagonistas, y la caracterización de Salander como víctima.
1. Rebeldía e individualidad

Se ha comparado -no me voy a posicionar sobre la comparación, simplemente la menciono- a Salander con Pippi Calzaslargas, como un ejemplo de rebeldía, de rechazo feroz a la uniformidad social. Bien, esa comparación, aparte de poco imaginativa por parte del que la propone -por Dios, si la menciona como dos o tres veces la misma novela, cómprense una inventiva-, se queda corta.

La rebeldía de Lisbeth va más allá, no es una simple referencia a un personaje de la literatura popular. Encuentro en esta rebeldía, primero un reflejo de la crisis de valores de la sociedad actual, y en segundo lugar un reflejo de uno de los miedos más presentes hoy: el miedo a la masa y la uniformidad.

Como comentaré en los puntos 2 y 3, una de las claves del éxito del personaje es a mi ver su rechazo de los valores sociales estándares. Este rechazo captura el sentimiento más o menos mayoritario de que nuestra sociedad está podrida moralmente. Sentimiento por otra parte presente en cualquier sociedad, ya desde que Sócrates dijera aquello:

“Los jóvenes hoy en día son unos tiranos.
Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros.”


En resumen, la rebeldía contra el comportamiento indolente de la sociedad sueca de Salander es la captura de este tema universal en forma fácilmente digerible de best-seller. Pasemos a la individualidad. Para muestra de discurso sobre el miedo a la pérdida de la individualidad, veamos una pequeña parte del episodio 23 de Reflexiones de Repronto: "Lo que viene de abajo":



La defensa feroz de la propia individualidad de Salander no deja de ser esto, un reflejo del miedo actual a la pérdida del status individual, a la pérdida de los distintivo de cada uno para pasar a integrar la masa.

2. Falta de condicionamiento social

Otro componente clave de Lisbeth es la falta de pautas de comportamiento sociales. Salander va dónde quiere, hace lo que quiere y lo hace cuando quiere. ¿Qué hay que no sea atractivo en eso? ¿Quién sinceramente no ha deseado alguna vez olvidar la corrección política -ese gran cáncer del pensamiento humano- y hacer lo que cree correcto, o simplemente lo que le apetece? Esta falta de comportamientos sociales por otra parte enlaza con lo que comentábamos más arriba: los valores actuales no son válidos, y su obediencia ciega nos convierte en otra oveja más del rebaño.

En este aspecto, Lisbeth Salander es una perfecta fantasía de poder para cualquier persona integrada en la sociedad actual; de poder dictar sus propias normas y de poder hacer caso omiso impunemente de las que no considere válidas. Este comportamiento constituye además una perfecta característica de escapismo puro y duro -ese componente que tanto se suele criticar, cuando es al fin y al cabo algo presente implícita o explícitamente en cualquier ficción-.

Más allá de todo esto, encontramos en esta ignorancia total de los códigos sociales habituales una referencia clara a la dicotomía entre Honor y Ley -a la que ya nos remitiera Montesquieu en su Espíritu de las Leyes-.

La diferencia entre una cultura de Ley, en la que todo el mundo obedece un contrato social determinado bajo coacción de unas fuerzas de represión y orden -usualmente encarnadas por el Estado- y una cultura de Honor, en la que la única garantía que puede darse a la seguridad personal es la venganza desproporcionada, ante la ausencia de un ente que garantice el cumplimiento de la ley. Salander es juez, jurado y verdugo en sus acciones, rechazando los códigos de una sociedad que es incapaz de mantenerlos. Lo que nos lleva al punto 3.

3. Legitimidad

Puede que en este punto los que ya han leído la trilogía entera me recriminen mi opinión, puesto que ya se me ha comentado que en el tercer libro se comprenden las motivaciones de Salander. Sin embargo, a la altura de la novela a la que me encuentro, más allá de lo ya dicho en el punto 2, la motivación de Lisbeth Salander es la pura venganza.

No me voy a extender sobre la venganza, puesto que es un tema que daría para un blog entero por sí solo. No obstante, quiero remarcar, encadenando con el siguiente punto -las características de los adversarios de nuestra heroína de cuero- que la venganza es un elemento legitimador muy frecuente en la ficción, pero no por ello menos débil, y que ya ha sido cuestionado desde la propia ficción en más de una vez. La venganza le sirve sin ir más lejos a Tarantino para que el público empatice con asesinos crueles y confesos en Kill Bill y en Inglorious Bastards. Por no decir que la venganza es el motor principal de iconos del cómic como Batman o The Punisher.

En definitiva, Lisbeth Salander es venganza, en un envoltorio de rechazo a una sociedad corrupta que traiciona al protagonista, identificado con el individuo corriente de la sociedad actual. Por puro pathos Larsson usa este sentimiento primario para capturar al espectador. ¿Resulta legítima la venganza como motivación? Se han escrito ríos de tinta sobre el tema, y tampoco me voy a extender sobre ello ni dar mi opinión al respecto. Sin embargo, lo que queda claro es que la venganza bien justificada es un elemento extremadamente fácil de usar por un autor para empatizar con los lectores.

4. Antagonistas y víctimas

Aquí sí que podemos ver la intención maniquea de Larsson con toda claridad. Bebiendo de la construcción del Otro, que ha sido tratada a lo largo de la historia por autores que van desde Lippmann a Kapuscinski pasando por gente como Goebbels, Larsson nos propone una serie de enemigos para esta Salander revestida de la venganza de la sociedad oprimida que resulta imposible no odiar.

¿Cómo no despreciar al violador, al pederasta, al maltratador, al violento, al nazi, al necio, al loco asesino en serie, al machista -nótense, por favor, las cursivas-? No hay duda alguna en la calidad moral de los adversarios de Lisbeth. Con enemigos de este tipo, anclados en la destrucción de valores tan fundamentales -y sobre todo tan contemporáneos- como el derecho a la propia sexualidad, a la infancia, a la igualdad de géneros o a la vida misma, ¿Quién iba a cuestionar el comportamiento de Lisbeth Salander?

Este tipo de villano, plano, unidimensional aunque mantenga una doble identidad -Bjurman o Martin Vanger- resulta un recurso literario fácil, simple, pero resultón. Larsson obvia todas las sombras de gris y nos propone un claroscuro de blancos cegadores y negros asfixiantes. ¿Se perdieron todos los matices de gris?

Por otra parte, Lisbeth es la víctima perfecta, como nos describe Larsson en palabras de Bjurman en el segundo libro de la trilogía: desvalida, desprovista de toda autoridad social -a la que de todos modos ella no da ningún valor-, y sobre todo, mujer. Que el autor le dé un intelecto sobrehumano o la haga capaz de la violencia física más extrema no es más que una excusa barata para saltarse agujeros de guión, pero al fin y al cabo Salander se constituye en una víctima perfecta, elegida arbitrariamente y con un destino funesto por factores que escapan a su control. De nuevo un motivo con el que no resulta nada difícil empatizar haciendo un poco de autocompasión.

En conclusión,
Lisbeth Salander es un personaje construido hábilmente, al que puede ser difícil no engancharse, pero el buen lector se cuestiona sus impulsos. Larsson es un tramposo, pero sus trampas han atrapado el espíritu de nuestros días. ¿Se dejan aprisionar ustedes también? ¿O ven más allá del cascarón de las apariencias?


btemplates

8 respuestas:

ElFanGris dijo...

He de decir, que aunque no haya leído ninguna de las novelas (ni tampoco tengo intención de hacerlo), el análisis del personaje que has realizado me ha evocado a la figura del Juez Dredd de la revista 2000 A.D. El personaje de Carlos Ezquerra y Path Mills nació de un periodo de cambio a peor en la sociedad británica, con la llegada al poder de la Dama de Hierro. Del periodo de socialismo democrático a uno bajo un gobierno ultra conversador que parecía derivar en la sociedad post-apocalipitca del juez de Mega City one.
Hoy por hoy, un personaje que en un principio se creo para satirizar una sociedad dominada por una visión fascista de la vida ahora se ve con buenos ojos y simpatía,algo que muchos atribuyen al éxito del modelo de héroe de acción del cine de los 80 (que tantos miembros de la RNA idolatran). No quiero decir que el personaje que has analizado siga el mismo patrón, en verdad utiliza ese modelo de héroe para un fin mas catártico ante un sistema social en decadencia y una cultura en debacle. La frustración de hacernos sabedores de la injusticia social y la violencia de genero nos hacen desear ser ese héroe que actúa de jurado,juez y verdugo,al haber perdido completa fe en el sistema.
Cicerón ha muerto y Heracles a vuelto.

Ubeinn dijo...

Hombre, además hay toda una cuestión de género en Lisbeth Salander que no se encuentra en Dredd, pero hay que decir que la comparación es buena, y que no habría caído en ella así a bote pronto.

Ques estás hecho un campeón, vamos.

Alvy Singer dijo...

Ube!!! Ojalá te pudiera formular esto en un bar pronto. A ver, mi punto es:

Bien. Qué hay de zeitgeist en esto.

Quiero decir, creo que la saga Crepúsculo es puro zeitgeist porque condensa una idea de nuestro tiempo y propone una deriva nueva, un sentido nuevo a un mito (el vampírico). Otro tema es si decides decir "eh yo no soy una nena", pero, habiendo leído solo tu artículo (no hay cojones de leerme la novela, sí, lo sé), no entiendo qué hay de nuevo.

Quiero decir lo que me enuncias es una actualización de lo que Eco llama el 'superhéroe de masas' (título del libro, un estupendo estudio sobre la novela popular y la figura del héroe y su nacimiento en el folletín) que no es significativa de nada. Corrígeme si me equivoco, claro.

Más allá de que es un fenómeno editorial, ahora por lo que veo patrocinado por la Universidad. El Juez Dredd no se entiende sin el punk y sin Margaret Thatcher, claro.

Pero ¿Millenium? La novela policíaca-negra formulada como algo pocho ya estaba en Henning Mankell que reeditaba el esquema chandleriana de las grandes esferas ocultan secretos. Hablo apriorísticamente: espero ansioso tu respuesta y aclaraciones que sí has leído volumen y medio de Larsson.

Lo que dice muchas cosas (y todas malas) sobre el escaso rigor intelectual de quienes os ha mandado tamaño deber y han escurrido el bulto de una obra literaria como la Trilogía del Mal de Menéndez Salmón (La ofensa; Derrumbe; El corrector) que, gustándome más las dos primeras que la tercera, hablan de un tema desde una perspectiva más o menos contemporánea y abordan todo el siglo XX. En fin, ese es otro tema.

Ubeinn dijo...

Como muy bien comentas Alvy, lo que pretendo enunciar con este post es que Lisbeth Salander no aporta gran cosa, y que de hecho según mi opinión no es más que un ejercicio de populismo literario. Por lo que me han comentado compañeros que se han leído las tres novelas, conforme avanza la narración la relación entre el personaje y sus antagonistas se polariza aún más, y todo es aún más en blanco y negro. Es más, me estoy dando cuenta que lo que tiene de destacable toda la trilogía Millenium es como toma toda la cuestión de género - tan presente hoy - y la exagera hasta extremos insospechados. Es a la violencia de género lo que las películas de marcianos son al temor a la Rusia de la Guerra Fría.

Alvy Singer dijo...

Ves? Ese ya me parece un zeitgeist. Eso SI me interesa y espero que lo desarrolles. Que yo no puedo con este tocho. Me resulta más fácil la castración química. En SERIO. Además, George RR Martin está en mi mesilla después de González Sainz y Fresán.

ElFanGris dijo...

Comentario personal:
A mi entender, Martin no deja de ser otro autor promocionado por las editoriales. Al igual que la serie comentada por Ubeinn.
Por otra parte, cuando hice la referencia a Juez Dredd, mencione por encima a Thatcher (Dama de hierro) y al punk (Path Mills, anarquista y miembro del movimiento a parte de editor de 2000 A.D.).

Alvy Singer dijo...

Exacto, fangris, he tomado el ejemplo que tan bien explicabas para decir que Juez Dredd me parece puro Zeitgeist, como TODO lo que se hizo de la escuela 2000 A.D. que incluye a gente como Alan Moore y Grant Morrison, otros visionarios que vienen del increíble semanario británico. De hecho, iré más allá: a mi Juez Dredd no me parece ya una sátira de lo facha, sino una sátira de la misma ideología.

¿Promocionado? Eso lo veremos, ahora que la HBO ha sacado el piloto de Canción de Fuego y Hielo.

Pero los fenómenos editoriales de hoy a primera hora (creo) son: Follet, Brown, Zafón, Larsson, Falcones, Meyer, Boyne,Saviano, incluso el pobre Saramago. ¿Crees que es R.R. Martin? ¿Dónde lo podemos encontrar?

Alvy Singer dijo...

PD: Meyer también me parece PURO zeitgeist.