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Sexto sentido


Así es como llaman
sus desarrolladores a esta aplicación de realidad aumentada, que según comentan, será de código abierto:



¿No resulta increíble? pensar que tecnología como esta podría estar disponible en menos de diez años hace que a uno se le haga la boca agua.

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Cornamentas de alce

NOTA: Este semestre voy a publicar una serie de artículos en el blog "Den Våldtäktsman", para un seminario de actualidad sobre Stieg Larsson, el éxito póstumo de sus novelas, y los temas subyacentes en ellas. Publicaré mis entradas a susodicho blog aquí en mi sitio personal, con el tag "Sadistiksvin". De todos modos, les recomiendo a todos mis lectores la visita del blog ya mencionado, puesto que se trata de un esfuerzo colectivo y podrán disfrutar allí de los posts de mis compañeros de seminario.

El deporte en general siempre me ha parecido un fenómeno curioso. Hay diversos elementos asociados al deporte en nuestra sociedad, como valores de variada catadura -camaradería, espíritu de superación, o la famosa "deportividad"-, pero siempre he visto el deporte como violencia. Puede parecer una comparación exagerada, y más en la sociedad en la que vivimos, en la que parece ser que el deporte es una especie de olimpo al que aspiran todos, pero para mí el deporte no deja de ser violencia.

El deporte es, al fin y al cabo, un enfrentamiento. Esto es especialmente claro y aparente en los deportes de contacto, donde vemos rutinariamente agresiones que hacen que a uno se le pongan los pelos de punta (ya dicho de paso, me parece muy gracioso que la canción que acompaña a este vídeo sea The Beautiful People de Marylin Manson, visto el culto a la belleza que envuelve al fútbol de alto nivel):



Me dirán que no todos los deportes son de contacto, ni son tan salvajes como estos, pero al fin y al cabo, todas las competiciones deportivas tienen un elemento común: debe haber un perdedor. Se trate de fútbol, básquet, tenis, o cualquier otra demostración de habilidad, aquí hemos venido a ver quién es el mejor de los dos. ¿Acaso no es eso un enfrentamiento violento? No necesariamente a nivel físico, pero el perdedor va a salir con el rabo entre las piernas, y eso obviamente le va a herir a nivel personal. Así, el deporte es un enfrentamiento ritual entre dos (o más) bandos dónde se hace uso de la fuerza física de forma más o menos ritualizada. Dónde ustedes ven a 22 millonarios jugando a la pelota, yo veo esto:



Y es que no es otra cosa. En la naturaleza, los animales con atributos peligrosos -como cuernos, garras, etcétera- ritualizan sus enfrentamientos para poder pelearse -habitualmente en pos de la hembra- sin matarse el uno al otro, preservando así la especie. Se podría trazar un paralelo en la humanidad sin esforzarse demasiado, viendo el deporte como un enfrentamiento que sigue un ritual arbitrario para determinar quién es superior a la otra parte -y por qué no, quien consigue aparearse, porque claro, cuando eres un deportista millonario, la compañía femenina no suele ser un problema-.

Y la violencia no termina en el propio ejercicio del deporte, sino que se extiende a todo lo que lo envuelve. La violencia es así un rasgo fundamental de esta cultura del hincha, ese individuo que va al campo a gritar con la masa y ocasionalmente a coger entre varios de la misma manada a un individuo de una manada distinta para aclararle las ideas. Tristemente, esta violencia es algo aceptado, un elemento intrínseco. A nadie le sorprende. Es perfectamente normal sublimar tu agresividad a través de la rivalidad con otro equipo. Aunque claro, el hecho del enfrentamiento por suscribir unas opiniones u otras también es algo muy típico en nuestra sociedad... Somos una manada de alces pintados de colores esperando a encotrar a un rumiante distinto para aclararle las ideas.

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No hay descanso para los malvados.


Hace ya unos días que estoy disfrutando de dos juegos que, con estilos y planteamientos distintos, han cogido el concepto de juego de rol de acción -o dungeon crawler según la terminología inglesa- y han hecho algo nuevo e interesante con ello: Borderlands y Torchlight.

El género es de sobra conocido, la mayoría de aficionados a los videojuegos hemos probado un Diablo o algún MMO, y los toques de rol -la progresión del personaje, la personalización del mismo- están llegando incluso a los shooters más populares, con lo que no me voy a extender (mucho) sobre el género y sus características.

Sin embargo me gustaría hacer un aparte antes de entrar a hablar sobre los dos juegos que comentaba arriba, y recordar que todo este género se puede ver como una evolución de Rogue, un videojuego creado en 1980 que planteaba una aventura al estilo Dungeons and Dragons, pero con la particularidad que todo lo contenido en la mazmorra e incluso su mapeado eran generados aleatoriamente, dando lugar a una partida distinta cada vez. También hay que destacar que la dificultad del juego era feroz, y que bueno, la interfaz no era precisamente intuitiva o fácil de usar:



El juego fue tal éxito que generó todo un subgénero de roguelikes, que aún se desarrollan en nuestros días, con escenarios que varían desde adaptaciones de El señor de los anillos a recreaciones en texto ASCII del universo Doom. De todo esto, quedémonos con la idea de la creación aleatoria (o procedural, como se ha dado en llamarla) de contenidos, la altísima dificultad, la mecánica de juego de rol, y el pasarse la comodidad de uso por el forro.

Bien, vamos a entrar en materia, Borderlands:



Este juego de Gearbox Software -que hasta ahora se habían dedicado principalmente a las adaptaciones a otras plataformas de videojuegos que van desde Tony Hawk's Pro Skater a Halo- rebosa personalidad por todos los lados:

Empieza con un estilo gráfico propio, que más allá del cel-shading que ya es más o menos corriente hoy, propone un estilo con texturas de cómic y colores vivos que recuerda mucho a Valkyria Chronicles.


Luego añade a esto un sentido del humor y una puesta en escena que está a medio camino entre los westerns de Sergio Leone, las épicas criminales de Guy Ritchie y la saga Mad Max.

Para que no decaiga, diremos que Borderlands está además centrado en el juego cooperativo.

Y para acabar de redondear la idea de lo poco corriente que es este juego, diremos que aunque se trate de un First Person Shooter, usa elementos propios de un juego de rol como los árboles de habilidades, o el equipo de los personajes. Equipo que es generado de forma aleatoria. ¿Crees que tu rifle de francotirador que dispara munición eléctrica está bien? Espérate a que te enseñe mi escopeta que dispara una cortina de gas incendiario y metralla explosiva.

Lo que podría parecer a priori un pastiche de ideas que van cada una en una dirección distinta, resulta en un conjunto cohesionado, con una identidad propia. Borderlands, se podría decir, es un Hellgate: London bien hecho. Además hay que decir que la dificultad está perfectamente ajustada, y que el juego cooperativo es una maravilla. De hecho el juego gana enteros jugándolo con un amigo, ya sea por internet, o en pantalla partida en las versiones de consola. Borderlands toma las bases del roguelike -aleatoriedad, toques de rol y una dificultad ajustada- y les da la vuelta en un shooter frenético.

Y es divertido. Visceral e inmediatamente divertido. En esta época de juegos con sistemas tediosos que lo único que pretenden es alargar el tiempo de juego (te estoy mirando a tí, World of Warcraft), juegos con argumentos pretenciosos que intentan acercarse a títulos como Bioshock o Fallout 3 y no llegan, y demás malas ideas en soporte óptico, Borderlands consigue con su humor, su estética impactante y su sistema de juego (y sus momentos de carnicería maníaca) atraparnos en una espiral de diversión.

No creo que haya ningún jugador mínimamente atraído por los shooters o los juegos de rol que sea capaz de resistirse al encanto de este juego. Hace muchísimo que no me divertía tanto con un título. Y no estoy hablando de que Borderlands haya cambiado mi forma de ver el medio, o de que su argumento me haya hecho reflexionar profundamente sobre la naturaleza de la vida. Borderlands es pura diversión de principio a fin y no se avergüenza de ello. Y espero que tenga el éxito que se merece.

Torchlight es otra visión del roguelike, más tradicional, pero que merece atención de todos modos. Poniéndonos en antecedentes, Torchlight es un juego de rol de acción para un solo jugador para PC, desarrollado por Runic Games, compañía integrada por los fundadores de Blizzard North -estudio que fue disuelto de malas maneras cuando Blizzard fue adquirida por el gigante Vivendi-, que a su vez es el estudio creador de la saga Diablo. En fin, que esta gente saben lo que se hacen.



Cualquiera diría que ahora mismo desarrollar un juego de un solo jugador para PC que además sea de un género tan poco casual como el roguelike es buscar el fracaso. Y se equivocaría. Porque Torchlight no es un juego al uso. Torchlight es la destilación de todo lo que ha hecho grande a la saga Diablo llevado un paso más allá. Runic se han reivindicado como lo maestros del género y han creado un juego que refina lo visto en Diablo hasta extremos insospechados, resolviendo problemas del original como la repetitividad del juego, la mala gestión del inventario, o la poca accesibilidad del juego para los no iniciados en el género.

El juego es, de hecho, un ejercicio de cariño para la comunidad de jugadores de PC. A parte de ser una obra maestra del diseño de juegos, corre en casi cualquier máquina -incluso tiene un modo netbook-, está totalmente abierto a modificaciones por parte de la comunidad de usuarios y tiene un precio irrisorio. Por 20 euros es difícil encontrar un juego de esta calidad. Con todo, es una auténtica maravilla, adictiva, que recompensa al jugador por sus esfuerzos y que a la vez le permite decidir cuanto quiere esforzarse en progresar. La regulación de la dificultad a gusto del jugador es otro gran acierto de Torchlight. No creo que pueda hacer otra cosa que alabar este juego.

En fin, les dejo con la esperanza de que se animen a probar alguno de los dos, y vuelvo a las mazmorras esperando llegar un poco más lejos. No hay descanso para los malvados.