La vejez de lo nuevo o la exaltación del yo

Tom Wolfe analiza su relación con el Nuevo Periodismo al mismo tiempo que lo define y recopila lo mejor del género, en un ejercicio de selección que es a la vez la mayor virtud y el peor defecto del texto.

"El nuevo periodismo" Tom Wolfe. Ed. Anagrama en Barcelona el año 2000, col. Contraseñas . Primera edición, octava reimpresión, tapa blanda, 224 páginas, 10,45€, ISBN 9788433912022



  Estamos ante una recopilación, un manual, un ensayo, pero sobretodo delante de una declaración de principios. Tom Wolfe, nacido en 1931 en Richmond, Virginia, es considerado muchas cosas, y se autoproclama muchas otras, en algunos casos coincidiendo ambas atribuciones. Se ha dicho de él desde que es un reaccionario -después que declarara abiertamente su admiración por George W. Bush o de que comparara llevar una insignia con la bandera norteamericana en la solapa de su traje a "llevar una cruz contra los hombres lobo" en una entrevista concedida el 2006 al Wall Street Journal- a que es un visionario, o el inventor del llamado Nuevo Periodismo. Desde luego, lo que nunca se le ha llamado es modesto.

    En el libro que nos ocupa Wolfe nos ofrece un texto dividido claramente en dos partes: un ensayo sobre la naturaleza del Nuevo Periodismo -conteniendo un apéndice que define claramente las características del género- y una selección de artículos que ejemplifican estas características. Cabe, antes que nada, contextualizar el contenido del libro y sobre todo situarlo en el tiempo. Los artículos reunidos, así como el espacio de tiempo que trata el ensayo previo, están fechados en la década de los sesenta. Los sesenta americanos, los sesenta de los hippies, del movimiento pacifista, del auge del feminismo, de la lucha por los derechos civiles de las minorías, del rancio Sur, de la carrera espacial que llevaría el 1969 a Armstrong a la Luna y de Vietnam. No cabe duda que semejante entorno afectaría a una profesión tan en contacto con la realidad -idealmente- como el periodismo, y el llamado Nuevo Periodismo es el resultado de esta interacción.
   
   El autor desgrana en el ensayo que abre el libro la facilidad con la que uno se podía dejar llevar por estos movimientos, quizás escribiendo con la idealización nostálgica que conlleva recordar el pasado -el libro se escribió a mediados de los años setenta-, sobre la inmersión que algunos periodistas empezaron a emplear para reflejar esos cambios sociales en sus artículos. Gay Talese, Jimmy Breslin y muchos otros son el objetivo de las alabanzas de Wolfe, que de paso se cita a sí mismo con más o menos rubor en varias ocasiones. Nos describe la extraña fiebre de la que eran presa los periodistas de éxito, La Novela.
 
    Esa novela en mayúsculas en la prosa del autor, que va desde lo pirotécnico en los adjetivos hasta el uso creativo de los signos de puntuación, llegando a un paroxismo de galicismos afectados y tiras verborreicas de nombres propios en "La izquierda exquisita". Esta Novela que se supone la cima, y que según el propio Wolfe sería destronada como "máximo exponente literario" por el Nuevo Periodismo.
 
    Wolfe arremete una y otra vez contra el establishment literario, yendo desde la descripción de las clases, o casi castas, en las que según él los novelistas -máximo exponente del estancamiento y la afectación- dividen a todo aquel que escribe. No deja de resultar gracioso como Wolfe acusaba a los académicos de vivir encerrados en sus torres de mármol y de ser "Caballeros Literatos con un asiento en la Tribuna", cuando su actitud con respecto al periodismo en las nuevas tecnologías le lleva a publicar lo siguiente el 2007 en el Wall Street Journal tras definirse él mismo en el encabezado del artículo como "novelista":
 
"Hace cuarenta años (Marshal McLuhan) dijo que la tecnología moderna de comunicaciones convertiría a los jóvenes en primitivos tribales que no harían caso a las noticias objetivas sino al sonido de los tambores, los rumores. El universo de los blogs es un universo de rumores, y a la tribu le gusta así. No leo blogs porque estoy cansado de chillidos narcisistas."
 
    En cualquier caso, en este ensayo y su posterior apéndice Wolfe define el Nuevo Periodismo en base a sus características: la construcción por escenas, la captura total y literal del diálogo, el uso de puntos de vista narrativos, y la atención al detalle más ínfimo. Tras definir claramente las características del género y referenciarlas en varios textos -más de uno de su propia autoría-, llegamos a la segunda parte del libro, la antología de artículos.
 
    Y qué antología. Desde "A la rica marihuana y otros sabores" de Terry Southern a "La dolce Viva" de Barbara L. Goldsmith encontramos textos que ejemplifican y dan cuerpo -se diría que casi justifican- la perorata de Wolfe en el ensayo inicial. Los autores de estos artículos nos sitúan de una forma visceral en escenarios como un helicóptero sobrevolando la jungla vietnamita o un campus de majorettes. Y realmente nos sentimos allí. La selección de estos textos es magistral en su calidad, y en los paralelos que se establecen entre algunos de ellos, como "¿Duerme usted desnuda?" y "La dolce Viva", que nos ofrecen dos relatos diametralmente opuestos pero a la vez con puntos en común de la vida tras las cámaras de una actriz famosa. Son todos estos textos muestras de sordidez, de tangibilidad, en resumen, de experiencia personal e inmediata. El único problema que se puede acusar en estos textos es su edad.
 
    Sin perder nunca de vista que son todos ellos piezas informativas, es fácil para el lector actual que se escape esta dimensión. El lector actual no vivió la época hippy, no presenció los discursos de Nixon por la televisión ni siguió la guerra de Vietnam en los medios. El nombre de Andy Warhol -y su Nuevo Arte, término que no deja de recordar a la visión de Wolfe del Nuevo Periodismo- es un vago recuerdo en una nota a pie de página de un libro de texto. Pero no obstante siguen siendo estos relatos una manifestación de periodismo. Porque sus autores estuvieron allí, no solo para registrar e informar del evento, sino para vivirlo. La prosa empleada en estos artículos es directa, impactante, y en algunos casos casi hiriente, pero siempre clara, nos transmite, más allá de la noticia, la vivencia.
 
    Esta selección de textos es sin duda alguna la parte que lleva el peso del libro. Donde el ensayo inicial de Wolfe llega a ser plomizo y da la impresión de que el autor se está ensalzando a sí mismo en cada línea -de hecho, mientras que autores como Capote o Hunter S. Thompson rehuyeron la etiqueta de Nuevo Periodista, Wolfe no pierde tiempo en asumirla como propia-, los textos recopilados son piezas periodísticas impecables, se diría que fotografías en letra impresa. Habría que imprimir claramente en la portada de "El nuevo periodismo" los nombres de Robert Christgau, Norman Mailer, Terry Southern y el resto de contribuyentes de la antología, puesto que aunque Wolfe seleccionara y comentara estos textos, esta selección hace que su propia contribución al libro palidezca.
   
  Es de suponer que esta crítica será impopular, pero siempre se podrá decir que esta impopularidad se debe a que los Novelistas y Establecimientos Académicos Afines no la entienden por lo rabioso de su lenguaje o lo impactante de su veredicto sobre un autor consagrado. Probablemente, si el texto fuera suyo, Tom Wolfe lo defendería así.

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