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La Órden del Fénix, o porqué la saga de Harry Potter debería empezar en el tercer libro.

¡Bien bien, ya llevo cinco de seis! Ahora mismo ya estoy atacando el sexto, Harry Potter y el misterio del príncipe -viva la traducción libre. ¿No era más fácil titularlo "Harry Potter y el Príncipe Mestizo"? Es que nos pasamos de políticamente correctos.-, y me saco el sombrero ante J.K. Rowling.

Creo que ya lo he dicho antes, pero como aunque mi blog lo leen siempre los mismos, pero no todos desde el principio, me voy a repetir, con su permiso; el primer y el segundo libro son chiquilladas.

No tengo nada en contra de la literatura juvenil, pero los dos primeros libros son argumentalmente muy simples. Por contra, del tercero en adelante la calidad del argumento, los diálogos y la evolución de los personajes ganan enteros. Muchos dirán que si merece la pena leer un "prefacio" de cuatrocientas páginas para llegar a la parte interesante... pero bueno, si a Tolkien le soportamos que nos explicara las costumbres referentes a la hierba para pipa de los hobbits, a Rowling se le perdona que nos haga leer dos cuentos antes de llegar al primer libro.

Racismo, odios familiares, prejuicios, politiqueo, profecías, asesinatos, risas megalomaníacas, seres que se alimentan de la esperanza humana... del tercer libro en adelante la trama se enriquece, se matizan los personajes -el flashback a el peor recuerdo de Snape en el quinto libro es memorable- , se les da esperanzas y miedos -la escena del boggart de Molly Weasley en el quinto libro de nuevo; un pasaje genial que mal que me pese, no estará en la película-, y se quita de debajo de los trapecistas la red... Caperucita salió por la puerta de atrás hace un rato, y más de un personaje muere, y no todos son secundarios.

Espero terminar pronto el sexto para poder empezar a tener conversaciones de freak sobre otra serie de libros más sin miedo a que me destrocen el final... Luego sólo me quedarán las películas, sólo he visto la primera, que como íbamos diciendo, es muy inocente para mi gusto, pero acaba de salir el trailer de la quinta y promete... -ya oigo los gritos... "¡youtube, youtube!"-

¡Explosiones! ¡Hormonas revolucionadas -más en la película que en el libro, me apuesto lo que queráis-!¡Más explosiones!¡Y Helena Bonham Carter como Bellatrix Lestrange! *risa demente*

P.S.: sí, he puesto un screener de un mísero teaser. Soy el colmo de la ruindad y la vileza, por no decir del cutrerío.

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Belleza engañosa

Puede que este post parezca corto en comparación con los otros, pero el tema es suficientemente preocupante para que no sea una frivolidad.

Aún cuando la publicidad siempre es una forma de comunicación con objetivos, y por tanto, con intención de manipular al que la recibe -mis amigos de publicidad me van a odiar por haber dicho esto-, hemos llegado a un punto en que aunque suene tópico, las caras que aparecen en la publicidad no es que parezcan irrealmente bellas, es que son una pura farsa.

Este anuncio, que yo sepa, no se ha emitido aquí, e ilustra perfectamente a lo que me refiero:



Creo que visto esto, poco más hay que decir... yo me sigo manteniendo en mi creencia que el estereotipo femenino (y masculino, ya puestos, que la grandiosa mayoría no tenemos tiempo de estar cuatro horas diarias en el gimnasio para tener unos abdominales en los que se pueda rallar queso) de belleza actual no es más que un engañabobos para hacer que las mujeres se sientan culpables por ser de carne y hueso y se dejen un dineral en cosméticos.

Cuando las clínicas de estética salen a bolsa es que algo va mal, por no decir que es perverso y retorcido.

Post Scriptum: no, este post no es para justificar mi fealdad haciéndome el profundo. Lo juro. Bueno, vale, un poco sí...
Post Scriptum dos: vivan las gafas, las mujeres con curvas pero sobretodo con cabeza, y la gente "rara" que no se avergüenza de serlo.

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Scoop ! O el notición.

"Scoop" es un término periodístico usado para definir someramente una noticia bomba, una primicia, y en general, cualquier hecho noticioso inesperado e importante.

Así, la última película de Woody Allen nos aporta varias noticias:

  • Woody Allen sigue siendo un maestro de la comedia.
  • Scarlett Johansson no está hecha de plástico.
  • Hugh Jackman no necesita garras de adamantium y un peinado ridículo para salir en una película.

Y un sinfín más que veremos después del trailer -¡Sí, es el vídeo youtube de rigor, yay!- :
Esta película, sinceramente, me encantó. Pero claro, hay que decir que aunque repita localización -ese Londres en el que nunca llueve ni hay niebla, quiero que Woody Allen me presente a su agente de viajes- y protagonista -Scarlett Johansson, de la que hablaré largo y tendido más tarde, porque me gusta más que a un tonto un lápiz-, quien espere otra Match Point se va a llevar una sopresa puede que no del todo grata.

De entrada, esto no es una tragicomedia o una tragedia en dos actos. En Scoop se ríe, y se ríe de corazón, y sobre todo de cabeza. Habrá quien diga que por el hecho de ser menos seria que Match Point, esta película es "menor", pero el ritmo y la gracia de Scoop son el resultado de una maestría aparte.

El elemento cómico de la película lo aportan tanto Woody Allen, que interpreta a Splendini, un mago americano... digamos que de tres al cuarto, que no duda en aprovechar su habilidad con las cartas para desplumar a varios millonarios en una partida de póker; como Scarlett Johansson, que aquí es Sondra Pransky, la primera de una saga de higienistas dentales que dejó el oficio familiar y entró a estudiar Periodismo. No es que suene delirante, es que lo es.

Entrando de lleno en Scarlett Johansson -sí, eso ha sido un lapsus linguae, lo juro- , hay que ver con que soltura se carga las pintas de Barbie Superstar que le habían colgado en La Isla o el aire a femme fatale que tiene en La Dalia Negra. En Scoop Scarlett Johansson es una chica a la que le pican las lentillas y por eso lleva gafas de montura de alambre dorado, que se viste con lo primero que engancha del armario cada mañana, y que en general es más despistada que aplicada, más inconsciente que calculadora, y más mona que otra cosa. Cogemos el personaje de Scarlett Johansson en Lost in Translation, le quitamos toda la carga de angustia, la tiramos en medio de la alta sociedad londinense y tenemos a Sondra Pransky, o Jade Spence, como la queramos llamar.

Woody Allen, como no podía ser de otra manera, interpreta a un personaje con el humor y los gags típicos de los que lleva interpretando en sus películas. Lo interesante de su personaje es que introduce el elemento fantástico en la trama... fantasmas de periodistas que vuelven de la barca de la Muerte para dar primicias, apariciones de la Muerte misma, y toda suerte de trucos "neumotécnicos", como dice él mismo.

Hugh Jackman les encantará a las espectadoras, más que nada porque hace de galán multimillonario y tiene un físico que ya me gustaría para mí mismo, que uno escribe con esmero pero no es muy guapo, que le vamos a hacer. Pero aún así, aunque el personaje que interpreta no es un prodigio de profundidad, es que él lo convierte en un pedazo de madera con pelo. Está soso. Está plano. O es realmente tan cabezahueca como parece o es que le pagaban por horas y no por escena bien interpretada. Se mueve menos que Don Pimpón en una cama de velcro. Mal. Para una vez que le dan un papel en una película menos freak de lo que suele hacer, y mete la pata de esta manera...

En fin, Scoop es una comedia para ir a verla con ganas de reír, con un cubo de palomitas, y si a uno le gusta Scarlett Johansson tanto como a mí, con un babero. Y no defrauda en lo que ofrece: una hora y media de entretenimiento de calidad e inteligente. Una comedia de Woody Allen desde los créditos en blanco y negro, hasta la banda sonora clásica, pasando por las bromas sobre la religión del protagonista. Que Ustedes la disfruten.