5 respuestas

El Ilusionista, o el encanto de lo oculto

Esta película me tiene dividido. Por una parte, todo el diseño de producción, la fotografía, la banda sonora, los actores... todo es estéticamente perfecto, encaja al milímetro y ofrece un conjunto sólido y sin fisuras. Por otra parte, el guión tiene lagunas donde no debería tenerlas, y la resolución de la película es demasiado obvia para mi gusto. Pero pasemos a los detalles, dónde siempre se encuentra el interés de cualquier historia.

El Ilusionista, con Edward Norton, Paul Giamatti y Jessica Biel, es la nueva película de los productores de la no menos buena Entre Copas, en la que un misterioso ilusionista se enfrenta a todo el poder de la Austria imperial del principio de siglo XX a causa del amor que siente por una aristócrata.

Así, somos transportados a la Viena imperial, de los palacios, la corte, el esplendor de los inicios de siglo. Y cuando digo que somos transportados a Viena, no lo digo metafóricamente; los decorados, el vestuario, la luz... todo es perfecto, la película tiene una textura magnífica, desde la luz difuminada de los atardeceres, hasta los tonos de todo lo que aparece en pantalla, que recuerdan a las fotografías de época -me apropio tu comentario Aida, espero que no te importe-, hasta los márgenes más oscuros de los encuadres, pasando por las transiciones entre escenas, dónde incluso se usa un fundido a negro en círculo como si de una película de cine mudo se tratase.

Las interpretaciones no desmerecen en absoluto el escenario; aunque es discutible que su personaje sea el protagonista, dado el peso del personaje de Paul Giamatti en todo el metraje, Edward Norton está impresionante como Eisenheim.

Norton le imprime una clase y un misterio al ilusionista que realza el misterio de toda la magia que realiza, en efecto, la severidad con que se comporta cuando el personaje actúa en su teatro le da una cualidad que no se puede definir como menos que mágica, incorpórea, como si el mago fuese una aparición que tuviese a su completa merced a todos los espectadores. Por contraste, cuando el personaje de Norton no está en los escenarios se revela como el hijo de ebanista que es, un hombre sencillo pero inteligente, sincero, de mirada penetrante.

Como contrapunto al ilusionista encontramos tanto al inspector en jefe Uhl, interpretado por Paul Giamatti, como al príncipe Leopoldo de Austria, interpretado por Rufus Sewell, los heraldos de la razón en este conflicto entre magia y lógica. Paul Giamatti está también soberbio en su papel de hombre humilde venido a más al convertirse en un allegado del poder, encarnado por el maquiavélico Príncipe Leopoldo, quizás un tanto sobreactuado por Rufus Sewell. Giamatti se luce en el papel del inspector de policía de Viena, cómplice del príncipe en una trama de finalidades dudosas; un inspector sumiso, realista y un tanto cínico, que evoluciona a lo largo de la película y asume su responsabilidad de representante de la justicia y deja de lado su cinismo para dejarse llevar por el embrujo del mago. Es quizás, el triumfo del hombre corriente sobre la magia y el poder, la demostración de que la lógica y la moral quizás aún sirvan de algo en el mundo.

La trama de la película nos lleva desde un inicio un tanto abrupto, in media res, a la infancia del mago, su romance con la aristócrata interpretada -con poca fortuna- por Jessica Biel y su posterior separación, la llegada a Viena de Eisenheim y su reencuentro con la duquesa. Más allá de esto, el conflicto entre la mente calculadora del príncipe y las artes del mago conduce la trama hasta un final que crece minuto a minuto, y acaba de forma contundente y expeditiva. Lo único que falla en la película son los últimos quince minutos... los buenos magos nunca explican sus trucos, y el público tampoco es tonto y cuando va a ver una película sobre magos prefiere conjeturar sobre como ha pasado todo que ser llevado de la mano a través de una explicación.

Aún así, recomiendo mucho El Ilusionista. A nivel estético es poco menos que perfecta, contenida pero exacta, y aunque la resolución sea un poco simple, eso no desmerece en absoluto el conjunto de la película.

3 respuestas

Sympathy for Mr. Vengeance, o el peso de la realidad


Bueno, dije que colgaría hoy esta entrada ¡y parece que voy a cumplir! vamos allá.

Sympathy for Mr. Vengeance es la primera de las películas de la Trilogía de la Venganza de Park Chan-Wook, la que le permitiría plantear toda la trilogía como algo descarnado pero profundamente poético. Es una película realista, con planos compuestos de una forma algo menos cuidada que los de otras de sus películas; realista en cuanto al peso del azar en la trama, realista en cuanto a la profundidad de la desesperación de los protagonistas cuando sus planes se tuercen, y realista en cuanto a lo aparentemente normal de la incomunicación entre los personajes.

Todos los que intervienen en la trama, ya sea por motivos físicos -el sordomudo-, intelectuales -su novia-, o emocionales -el padre de la niña-, son seres incomunicados, que huyen hacia adelante, sin más meta que dejar atrás sus problemas. Los silencios, las miradas, lo que se debería haber hecho o dicho, marcan la historia.

Resulta difícil comentar la trama sin desvelarla, Sympathy for Mr. Vengeance está llena de giros argumentales inesperados y aparentemente vacíos de motivo, en una trama trepidante y que lleva la tensión a límites insospechados desde el principio de la película a su fin.

El protagonista, Ryu, un sordomudo que vive con su hermana enferma de los riñones, está firmemente determinado en conseguir una cura para su hermana, y poco menos que se desvive por ella. Trabaja en una fundición afanosamente, pero dificultades económicas llevan al propietario de la fundición a cambiar eso...

Así, la hermana del protagonista debe abandonar el hospital en el que está ingresada, y ante la imposibilidad de obtener cuidados adecuados para ella, Ryu recurre a una mafia de transplante de órganos, y decide con su novia -una militante de un grupo pseudoterrorista de izquierdas que hace aún más absurdo el conjunto- cometer un secuestro para financiar la operación. Sí. Todo se tuerce.

La trama desciende a una espiral de violencia enloquecida, venganza descabellada y desesperación. Sympathy for Mr. Vengeance no es una película amable, en cuanto a que siguiendo la vena del realismo que es su seña de identidad, aquí no hay redención o resolución del conflicto posible, todo sale de la nada y vuelve a la nada, con los protagonistas sujetos -o víctimas- del más despiadado azar. Es quizás una película un poco de historias cruzadas, al estilo de los filmes de Tarantino o Snatch de Guy Ritchie, pero mucho menos alegre, con un sentido de la fatalidad casi palpable. Cada protagonista tira del nudo hacia la dirección de sus propios fines, y eso sólo consigue romperlo.

Puede que sea la película más negra de la trilogía, con muy poco de ese realismo mágico y un poco humoroso parecido al de películas como Delicatessen, tan marcado en las otras dos películas de la trilogía. Aún así, es la primera visión sobre la venganza que nos ofrece el director coreano, y es una película profundamente impactante y perturbadora.

En breve, nos encontraremos aquí para hablar de Old Boy, la segunda y más conocida película de la trilogía.

1 respuestas

Park Chan-Wook, o la Venganza en tres actos


Antes que nada, disculpas por no escribir nada en más de dos semanas. Dudo mucho que alguien haya estado refrescando frenéticamente la página en su navegador esperando ansioso/a un nuevo post, pero aún así, me disculpo. Soy un vago, y a parte, voy bastante cargado de trabajo últimamente.

Aprovechando este puente, tengo la intención de escribir una pequeña serie de posts sobre las tres películas puede que no más emblemáticas - quizás esa sería Joint Security Area, que es la que le hizo famoso-, pero sí más personales, de Park Chan-Wook. Me refiero a Sympathy for Mr. Vengeance (2002), Old Boy (2003) y Sympathy for Lady Vengeance (2005).

Después de tener un éxito arrollador con "Joint Security Area", un thriller ambientado en la zona desmilitarizada entre las dos Coreas, a Park Chan-Wook se le dio carta blanca para elaborar el filme que prefiriera, y este decidió tirar la comercialidad por la borda.

El resultado fue Sympathy for Mr. Vengeance, la que sería la primera de una trilogía de películas que versa sobre la venganza, sus motivos, su planificación, y sobre todo, su alto coste para todos los implicados. La trilogía no sólo evoluciona a nivel temático, sino que aunque mantenga algunos elementos comunes a lo largo de las tres películas -esos planos fijos y esos silencios devastadores- también progresa a nivel estilístico.

Así, a nivel argumental las tres películas de la trilogía son sobretodo un estudio de las emociones, de la forma en que el comportamiento humano se deforma y se retuerce bajo la adversidad, y últimamente de las relaciones de amor y despecho; se puede ver que la formación del director, licenciado en Filosofía, le permite evitar los sitios comunes del cine y crear algo completamente nuevo y extremadamente visceral, películas que realmente golpean y dejan huella en su espectador.

En el plano de la forma más que ahondar, se cambia. Así como la primera película de la trilogía es descarnadamente realista, con todo el absurdo que eso conlleva; la segunda ya añade momentos un tanto surrealistas, con escenas más simbólicas que otra cosa y un elemento musical muy importante; y en la tercera nos encontramos, desde los créditos iniciales hasta la escena final, con un mimo a la estética de toda la película que estaba completamente ausente en el inicio de la serie.

Así, las tres películas se mueven entre el humor -bastante negro aunque tierno, como en las primeras películas de Jean-Pierre Jeaunet-, el drama y la violencia más descarnada, con alguna escena de acción en la segunda película -aunque el elemento de acción es puramente anecdótico y sirve mayormente para mostrar cuanto ha cambiado el protagonista-.

Chan-Wook no usa prácticamente las elipsis, y nos lleva de la mano a través de las tragedias y las alegrías de los protagonistas... y aunque estemos andando con la sangre hasta los tobillos no nos suelta.

Os emplazo mañana (si no es que me columpio como suelo hacer) a leer el post sobre Sympathy for Mr. Vengeance. Si con este primer post ya he conseguido intrigaros, podéis encontrar fácilmente Old Boy, la segunda película de la trilogía, en DVD; ganó multitud de premios y estará presente en cualquier tienda o videoclub que esté mínimamente surtido de cine oriental. Para las otras dos... bueno, siempre nos quedará internet.

PS: sí, es cine rarito, que no está licenciado en España, y que se tiene que ver con subtítulos. Ya dije en mi perfil que me gusta este tipo de películas... así que ¡El que avisa no es traidor! Creedme, valen mucho la pena.