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300, o el peplum para acabar con todos los peplums



300, que se estrenará en nuestros cines el 23 de marzo, promete ser más. Más fiel al cómic original que Sin City, basada también en un cómic del genial Frank Miller. Más espectacular que Troya. Más épica y sangrienta que Gladiator. Está por ver si tras estas promesas serán algo más que aire, pero el material base de la película da para mucho.

Pongámonos algo aburridos, y repasemos que dicen los libros de historia. 300 es el número de soldados que según una leyenda acompañaron al Rey Leónidas de Esparta en la defensa del Desfiladero de las Termópilas frente a la invasión persa del rey Jerjes, al frente de un ejército de millones de soldados con un equipo vastamente superior. Es una de esas leyendas donde se funde historia y mito, probablemente no sea todo cierto, pero si la palabra “épico” viene del griego es por algo.

Un poco más próximo a nuestros días, Frank Miller escribió y dibujo una miniserie de cómic sobre el asunto. La serie cuenta con el estilo habitual de Miller, con un dibujo con mucho negro sólido, claroscuros muy marcados, y unos personajes muy dinámicos, el resultado es espectacular. La miniserie nos muestra el relato dentro del relato, de cómo un soldado griego narra la lucha del Rey Leónidas ante los persas, y si no la has leído y te gustan aunque sea sólo un poco los cómics, deberías leerla; no resultará difícil, ni caro, encontrar en cualquier librería especializada el tomo recopilatorio.

Y ya al fin del recorrido de la historia, Zack Snyder, director de El Amanecer de los Muertos, toma la miniserie de cómics que se inspira en una leyenda griega para hacer una película que, en sus propias palabras, sacrifica fidelidad histórica por espectacularidad e impacto visual –al estilo Akira Kurosawa según Snyder-, que se ha rodado íntegramente sobre telón azul para añadirle los escenarios generados por ordenador más tarde, que no pretende ser políticamente correcta, y en la que los protagonistas exhiben una conducta que –de nuevo según el director- habría que ser muy idiota para tomarse en serio.

Me reservo el juicio para cuando la haya visto, que la veré, pero tiene toda la pinta de ser una película de esas que sabes que son un buñuelo a nivel de interpretación –Russell Crowe en Gladiator, cough cough-, que históricamente no se aguantan por ninguna parte –El Rey Arturo cough cough-, y con personajes más planos que un tablón –el reparto entero de Troya cough cough, qué tos-, pero que disfrutas como un enano viendo.

Porque claro, cuando a la frase “Nuestras flechas ahogarán la luz del sol” el protagonista responde “Os venceremos en la sombra”, a los tíos la testosterona nos tiembla. Brrrrrr.

PS: cómo nota a las sufridas cónyuges a quien toque en suerte acompañar a su niño grande al cine a verla, destacar que el presupuesto de vestuario del repertorio entero se reduce a taparrabos, capas, y sesiones de gimnasio para todo el mundo. Esas babas, por favor.

2 respuestas

No me he muerto, me he ido de parranda.


Achús. Saludos. Simplemente escribo esto como disculpa a quien haya podido mirar el blog entre hoy y el 21 de enero. La época de exámenes, temible azote de los universitarios, conjuntamente con asuntos tan poco placenteros como mi trabajo, y otros bastante más placenteros, me han impedido actualizar. De todos modos, ahora que todo vuelve a la normalidad, espero que La Voz de la Lluvia repique un poquito más dentro de muy poco.

Sin más, mis disculpas.

P.S.: feliz San Valentín a todos y todas, y muy en particular, a ella.